TRAUUNG 62
Lugar/Ort:

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Año Eclesiástico/Kirchenjahr:
Libro Bíblico/Buchbezeichnung:1 Juan 3: 18 1. Johannes 3, 18
Skopus:
Trauung 62 -1 Juan 3:18
"Nuestro amor no debe consistir en lo que se dice con la
boca; más bien debe ser un verdadero amor que se ve en lo
que hacemos."

Recibiendo un matrimonio jóven por la bendición nupcial, la
promesa de ayuda de Dios, se debe hablar de amor. Esto es,
sabemos, la suposición que 2 personas, un varón y una mujer,
se aceptan totalmente.
Ya existió este amor no solamente en palabras sino también
en hechos en el tiempo de preparación hacia el matrimonio,
pero esto se realizará perfectamente en todos los aspectos
de una vida humana conjunta solamente en el matrimonio,
formando esta vida en trabajo y descanso, en problemas y
miserias y en progresos y alegría.
Pero también es una experiencia normal que el amor, juntando
a dos personas con el deseo que nunca se realice una
separación, no basta para formar una vida matrimonial y
familiar, tampoco para superar todas las dificultades.
Sabemos que en este amor se oculta un egoísmo profundo,
esperando y pidiendo del otro el cumplimiento de anhelos,
planos y pensamientos propios.
El varón por su esposa quisiera perfeccionarse y realizar
sus ideas. La mujer por su marido espera su felicidad
propia.
Por un lado, este egoísmo de amor se necesitan en un
matrimonio bueno, pero por otro puede impedir una buena vida
matrimonial y causar dificultades entre esposos por una
no-realización de lo que que se esperó del otro o de la
otra. Este egoísmo de amor es el motivo de muchas
dificultades, también graves, dentro de un matrimonio.
¿En qué manera podemos superar un egoísmo de amor demasiado
fuerte, causando problemas entre esposos?
Por lo que sabemos de un amor, de que el apóstol Juan en
nuestro texto escribe:
"Nuestro amor no debe consistir en lo que se dice con la
boca; más bien debe ser un verdadero amor que se ve en lo
que hacemos."
Es un amor que no solamente ama al otro o a la otra en el
matrimonio porque el uno puede aprovecharse del otro, sino
porque Dios le ama, porque Dios le me dió como compañero o
compañera en una vida matrimonial, para poder amarle y para
poder ayudarle, sin preguntar por propios provechos.
En este amor, llamado el de Cristo, piensa nuestro texto con
la esperanza que nosotros viviremos en el, sabiendo que este
amor de Cristo siempre se renueva por un PERDÓN MUTUO.
Y ahora deseamos a Uds. dos este amor doble que les junta en
una afección profunda y mutua y en que Uds. se acepten, dada
por Dios mismo, amándose y ayudándose.