LECTURAS DIARIAS 2000
Lugar/Ort:

Fecha/Datum:01/06/2000
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Año Eclesiástico/Kirchenjahr:
Libro Bíblico/Buchbezeichnung:
Skopus:
1-6-2000 Sábado
1 Corintios 15: 12-19
"Porque si los muertos no resucitan entonces ni el
propio Cristo resucitó." (Vers. 16)
Vehementemente se enfrenta el apóstol Pablo con los
cristianos en Corinto, los cuales creen según el testimonio
del apóstol en la resurrección de Jesucristo, pero no pueden
o no quieren sacar de esto la consecuencia para su propia
vida. No creen que nosotros mismos como cristianos viviremos
lo que Jesucristo vivió como el primero, la resurrección de
nuestra muerte. La muerte no es el fin terminante de
nosotros, sino el Señor nos da un nuevo futuro.
¿Porqué estos corintios no pueden creer en su nuevo
futuro?
Al convertirse a la fe en Jesucristo no han renunciado la
pagana opinión platónica de la inmortalidad del alma y
piensan por eso que una resurrección de los muertos no
necesiten, siendo el alma viva, sí inmortal, sí eterna.
Por nuestro texto se reconoce la intención de Pablo de dar
testimonio que el nuevo futuro de Jesucristo y nuestro
forman una unidad. A la resurrección del Señor forma parte
absolutamente la resurrección de los suyos.
Sin embargo, lo que el apóstol no nos permite es,
que nosotros sueñemos sobre nuestro futuro, sobre la vida
después de la muerte.
Importante para nosotros en esta nuestra vida terrenal es:
Confiarnos totalmente en Jesucristo, escuchar y leer
diariamente su palabra y seguirle en palabras y obras.
Entonces se cambiará esta ahora vida en el adviento de
nuestro nuevo futuro al lado de nuestro Señor, un futuro que
es exclusivamente en sus manos.

Carlos Schwittay




2-6-2000 3 Domingo después de
Pentecostés

Génesis 3: 9-15
"Pero Dios el Señor llamó al hombre
y le preguntó:
¿Dónde estás?" (Vers. 9)
Ya en las primeras páginas de las Sagradas Escrituras
tenemos la pregunta que es hasta el día de hoy la misma y
alcanza a todos nosotros:
"¿Adán, dónde estás?"
Esta pregunta vale para todos, pero especialmente a los que
son miembros del puedblo de Dios. Es la pregunta a nosotros
cristianos, sin preguntar por dónde vivimos o trabajamos, en
el matrimonio, en la familia, en la iglesia o como político
hombre del Estado. Es la pregunta que nos alcanza antes,
dentro o después de un actuar que expresa que realmente no
queremos saber nada de Dios y sus reglas para una verdadera
vida humana. Nosotros mismos hacemos o queremos hacer reglas
para la vida humana, pero siempre en una manera que molesta
y engaña y causa daños, enfermedades o la muerte de nuestros
prójimos y deterioran su ambiente natural.
A pesar de que queremos escapar de esta pregunta, negando la
realidad de ésta y de nuestro Dios y defendiendo nuestras
reglas, está en el interior de nuestro corazón un fuerte
miedo sobre lo que sigue
de nuestro actuar malo. Por eso procuramos ocultarnos,
empequeñar, negar y justificar nuestra situación. Pero Dios
nos conoce donde puede encuentrarnos con su palabra de
castigo. El profeta Jpnas quería huir, pero Dios le encontró
en medio de un buque en del mar, escuchando la pregunta:
"¿Adán, dónde estás?"
El juicio de Dios que está juntado con esta pregunta alcanza
a todos nosotros como esto es reconocible hoy entre los que
en tiempos anteriores han creído tener poderes casi divinos
sobre la vida y muerte de los seres humanos y hoy son
condenados no solamente por Dios sino también por juicios
humanos.
Sin embargo brilla ya en el fin de nuestro texto una luz que
nos da esperanza en medio de nuestra desesperación
autoprovocada, sí una luz aun muy débil, pero para muchos un
testimonio de Jesucristo, la salvación del mundo.

Carlos Schwittay-