2 Monatssprüche 1975/76- 22
Lugar/Ort:Diamante

Fecha/Datum:07/05/1977
Otros Lugares/Weitere Predigtorte:
Camarero/Puiggari, 8-5-1977 -spanisch-
Meroú, 11-6-1978 -spanisch-
Aldea Protestante, 2-7-1978 -spanisch-
Reffino, 26-10-1980 -sspanisch-
General Racedo, 2-11-1980 -spanisch-
Año Eclesiástico/Kirchenjahr:Sent.Mens. 10-1976 - Monatsspr. Oktober 76
Libro Bíblico/Buchbezeichnung:Salmo 40: 3 - Psalm 40, 4
Skopus: ¿Podemos agradecer y cantar a nuestro Dios?
2 Monatsspr. 1975/76 22 -Octubre 1976-Salmo 40:3
"Puso en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios."

De una situación problemática con muchas dificultades y
miserias y temores, viene el que canta este salmo.
Vivía bajo circunstancias, en que no podía reconocer
salidas.
Ahora, después de la superación de este tiempo grave, le
parece el pasado un pozo profundo y oscuro, llenado con agua
y barro, como cárcel en que fue echado y estaba ahogándose.
El mismo se escucha gritar sin esperanza e inhumanamente.
Esta descripción de sus padecimientos deja pensarnos en
cámaras de torturas en que hombres son torturados y matados
cruelmente.
Siempre más se extienden temor y odio y espanto también en
nuestro continente y no dejan alegrarnos más, tampoco nos
dan esperanza para el futuro.
En esta situación que el salmista entiende como el tiempo
más terrible de su vida, perdida toda la esperanzam, grita a
Dios toda su miseria sin igual, tal vez sin contar con una
ayuda.
¿No gritó también Jesús en la cruz de Gólgota, después de
torturas crueles por los soldados, sin esperar ayuda:
"Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado?"
En la vida de este salmista se realizó el milagro de la
ayuda, como leemos en los versículos anteriores:
"Dios se inclinó a mí, y oyó mi clamor. Y me hizo sacar del
pozo de la desesperación, del lodo cenagoso, puso mis pies,
sobre peña, y enderezó mis pasos."
Vivió lo que otro autor de un salmo expresa así:
"Invócame en el día de la angustia, te libraré, y tu me
honrarás."
El salmista, testificando que Dios escucha nuestros gritos y
nos ayuda, quiere invitarnos que hagamos lo que él hizo. Y
hoy sabemos aún más, esto que, para este fin, Dios envió a
su Hijo Jesucristo a nosotros en esta tierra.
Hemos de decir ya que necesitamos urgentemente en nuestro
tiempo grave esta ayuda para superar todas las dificultades
actuales.
Cada uno de nosotros tiene sus propias angustias, problemas
y preguntas, esperando ayuda, soluciones y contestaciones,
pero muchas veces estabamos sin éstas, porque no hemos
puesto nuestra confianza en El que prometió ayuda.
El autor de nuestro texto nos invita a aceptar y a utilizar,
en una situación concreta de nuestra vida, el ofrecimiebnto
de la ayuda por Dios. Solamente en este caso podemos
comprender verdaderamente la palabra del Señor:
"Puso en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios."
Sí, exclusivamente el que recibió ya ayuda de su Dios en su
vida, puede entender que otro expresa abierta y publicamente
su alegría y su agradecimiento, como, por ejemplo, Paul
Gerhardt:
"Con Dios en pro no temo,
si el mundo en contra está,
en cuanto llamo y rezo,
ya todo el mal se va.
Si tengo a Dios de amigo
y soy amado de El,
¿qué puede el enemigo
y el adversario hacer?"
O Joh. Frank canta en otro himno:
"Cuando la tristeza llame
a mi puerta, Cristo, alégrame.
Si tú estás conmigo,
mi aflicción olvido;
tenme junta a Ti.
Y aunque gima de dolor,
cantaré el alma mía,
Cristo, mi alegría."
Más importante, empero, que comprender estos himnos, será
que nosotros nos juntamos a estos testigos de la ayuda por
Dios como nuestra confesiónh personal.
En la cristiandad actual del mundo, tenemos la impresión que
nuestra boca no se abre mas para alabar a Dios por himnos u
oraciones.
Somos cristianos mudos.
Conocemos la sentencia:
"El que tiene un corazón lleno, habla y canta",
por eso hemos de decir que nuestra mudez viene de esto que
nosotros no sabemos más gritar a Dios nuestra angustia y
pedir por ayuda, viviendo entonces solos, sin esperanza, sin
experiencia de lo que Dios nos acompaña. De estos motivos
nuestro corazón no puede ser llenado de alegría y
agradecimiento, cantando himnos o hablando oraciones como el
autor de nuestro salmo:
"Y Dios se incliní a mí, y oyó mi clamor. Y me hizo sacar
del pozo de la desesperación, del lodo cenagioso, puso mis
pies sobre peña, y enderezó mis pasos. Puso luego en mi boca
cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios."
La invitación a cantar himnos y hablar oraciones de alabanza
y gracia es claramente, según el texto, una invitación para
dejar ayudarnos por Dios en nuestras miserias, angustias,
problemas y preguntas.