2 Außergewöhnliche Gottesd.- 71
Lugar/Ort:General Ramírez ER

Fecha/Datum:26/10/1963
Otros Lugares/Weitere Predigtorte:
Col. Nueva, 24-11-1963
Paraná, 13-12-1964
Diamante, 27-10-1966
Camarero, 30-1-1969
Año Eclesiástico/Kirchenjahr:Entre Ríos - Kirchentag
Libro Bíblico/Buchbezeichnung:Lucas 14: 15-24
Skopus: Somos invitados y siervos por Jesucristo.
2 Außergew. Gottesd. 71 -ER-Kirchentag-Lucas 14: 15-24
"Oyende esto uno de los que estaban sentados con él a la
mesa, le dijo: Bienaventurado el que coma pan en el reino de
Dios. Entonces Jesús le dijo: Un hombre hizo una gran cena,
y convidó a muchos. Y a la hora de la cena envió a su siervo
a decir a los convidados: Venid, que ya todo está preparado.
Y todos a una comenzaron a excusarse. El primero dijo: He
comprado una hacienda, y necesito ir a verla; te ruego que
me excuses.
Otro dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes, y voy a
probarlos; te ruego que me excuses. Y otro dijo: Acabo de
casarme, y por tanto no puedo ir. Vuelto el siervo, hizo
saber estas cosas a su señor. Entonces enojado el padre de
familia, dijo a su siervo: Ví pronto por las plazas y las
calles de la ciudad, y trae acá a los pobres, los mancos,
los cojos y los ciegos. Y dijo el siervo: Señor, se ha hecho
como mandaste, y aún hay lugar. Dijo el señor al siervo: Ví
por los caminos y por los vallados, y fuérzalos a entrar,
para que se llene mi casa. Porque os digo que ninguno de
aquellos hombres que fueron convidados, gustará mi cena."

Esta palabra de la gran cena es una parte de un capítulo del
Evangelio según San Lucas, en que en una manera especial el
evangelista predica que Dios Todopoderoso, el Creador de los
cielos y de la tierra, busca el contacto personal con
nosotros como sus criaturas.
Dios quiere la relación con nosotros que somos tierra y
ceniza.
Dios nos ama a nosotros en la manera que tiende sus manos a
nosotros como ayuda. Dios nos ama a nosotros en esta manera
que nos convida a su casa.
El quiere que somos sus convidados de su mesa.
Cenar con otros en la misma mesa significa a tener una
relación personal con estos otros.
De estos problemas se ha hablado en la casa de un príncipe
de los fariseos al cenar.
Este príncipe de los fariseos ha convidado a Jesús de
Nazaret a su mesa.
Estos hombres, cenando con Jesús, son personas piadosas y
devotas de la Nación Antigua de Dios.
Uno de estos dice la palabra significativa:
"Bienaventurado el que coma pan en el reino de Dios."
Esta palabra significa:
Aquel, que vive en esta relación con Dios es la más feliz
persona del mundo. No hay una mayor felicidad que ésta.
Oyendo estas palabras, hay la posibilidad para nosotros que
entre en nuestros corazones también esta gran alegría:
Nosotros tenemos la mayor felicidad del mundo, tenemos la
relación personal con El, Dios, somos sus hijos.
Pero, hablando esta palabra:
"Bienaventurado el que coma pan en el reino de Dios",
el fariseo no dice ésta como una expresión de la alegría,
sino como una expresión de orgullo contra Jesús de Nazaret,
el cual está en medio de ellos.
Jesús había predicado que se puede conocer la significación
del amor de Dios a nosotros solamente por El, por
Jesucristo.
El había anunciado que la puerta de la casa de Dios está
abierta solamente por El, por Jesucristo, y que se puede
entrar solamente con El, Jesucristo.
Pero ellos, los fariseos, no se necesitan a El, Jesús.
Tenían la opinión que por su nacimiento como miembro de la
Nación Antigua de Dios, son hijos de Dios y viven ya en
relación Dios. ¡Y qué ya significa la persona Jesús de
Nazaret!
En esta disputa entre Jesús y los fariseos en los problemas
de su servicio y de su misión en el nombre de Dios, Jesús de
Nazaret dice esta parábola de la gran cena:
"Un hombre hizo una gran cena, y convidió a sus amigos."
Todos los convidados sabían ya de esta cena. La invitación
por el siervo es la segunda:
"Venid, que ya todo está preparado."
Y ahora aconteció lo incomprensible.
Todos los hombres, habiendo aceptado la primera invitación,
rehusan la segunda, la última invitación.
Hay excusas infundadas.
El primero:
"He comprado una hacienda, y necesito ir a verla; te ruego
que me excuses."
El segundo:
"He comprado cinco yuntas de bueyes, y voy a probarlos; te
ruego que me excuses."
El tercero:
"Acabo de casarme, y por tanto no puedo ir."
Pero, todas excusas, en el último motivo, no son contra la
invitación para ir a la cena. Estas excusas tienen
argumentos extraídos de los cabellos.
¿Qué importancia tiene esta parábola de la gran cdena?
Esta parábola es la continuación de la disputa entre Jesús y
los fariseos.
La persona, convidando a su mesa, a la cena, es Dios, el
Todopoderoso.
El quiere renovar la relación con nosotros.
El quiere hablar con nosotros.
El quisiera vernos en su mesa.
El quisiera darnos su amor y su ayuda.
Todas estas realidades se puede conocer en la invitación a
la cena de la parábola.
En el tiempo, en que Jesús ha dicho esta parábola a los
fariseos ya aconteció hace siglos la primera invitación por
Moisés y por los profetas. Y en el principio de estos siglos
se podía pensar que los hombres de la Nación Antigua de Dios
aceptan la invitación.
Y ahora hay el cumplimiento de las promesas de Dios. El
tiempo de la salvación ha empezado. Dios ofrece su ayuda a
los hombres. Necesario es a aceptar esta ayuda de Dios.
La noticia del cumplimiento de las promesas de Dios es
predicada por Jesucristo, quien es el Hijo de Dios.
Jesúcristo es la ayuda de Dios, Jesucristo es la salvación
de los hombres.
Por eso, El predica:
"Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado."
Su Padre en los cielos le ha enviado a El a favor de los
hombres que ya han recibido la primera invitación por Moisés
y por los profetas.
La misión de Jesucristo recibido por Dios es comparable con
la misión de la segunda invitación por el siervo:]
"Venid, que ya todo está preparado."
El resultado de la misión de Jesucristo y del siervo es que
no se acepten la segunda invitación. No se quiere recibir la
ayuda de Dios que es Jesucristo.
Para no aceptar a Jesucristo y sus noticias y sus palabras,
hay muchas excusas.
No se aceptan indifinitivamente la invitación por
Jesucristo. La misión de Jesucristo entre los hombres que
han oído ya la palabra de Dios, por Moisés y por los
profetas, es fracasada.
Al fin se grita:
"¡Fuera, fuera con éste!"
Por esta repulsa de Jesucristo, la Nación Antigua de Dios se
ha cambiado en un pueblo sin Dios y sin su ayuda y sin su
amor. Pero, con esta repulsa de la invitación por
Jesucristo, su misión no tiene su fin:
"Vé pronto por las plazas y las calles de la ciudad, y trae
aca a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos. Vé por
los caminos y por los vallados, y fuérzalos a entrar para
que se llene mi casa."
Dios ya hallará a los hombres que quieren aceptar su ayuda y
su amor. Si no quieren aceptar los hombres de la Nación
Antigua de Dios, entonces aceptan los paganos e idólatras.
Si no ................ los piadosos,
entonces.......... los ateos,
si no.................. los hombres morales
entonces.......... lo ladrones, los estafadores y
los mentirosos, los
adúlteros y los
matadores.
La casa de nuestro Dios ya se llenará.
La comunión de la mesa de Dios con los hombres será una
realidad.
Dios hallará por su Hijo Jesucristo a los hombres que
aceptan la ayuda que ansian su amor.
En la disputa de Jesús con los fariseos, nuestra parábola
dice claramente:
Aquellos que rehusan a Jesús y su noticia, no tendrán una
relación, una comunión con Dios, son expulsados de la
salvación, de la casa y mesa de Dios.
Para estos fariseos, esta parábola con la misión del siervo
es una palabra de la condenación. Pero importante es, que
hoy nosotros oímos esta parábola con la misión de Jesús, del
siervo de Dios:
"Venid que ya todo está preparado, venid, porque el reino de
Dios se ha acercado."
Nosotros somos los que han oído la invitación de Dios de
nuestra juventud.
Otra vez, nosotros oímos el llamado de Jesucristo a aceptar
la invitación de Dios.
Somos invitados a tomar la mano de la ayuda de Dios. Aquel
que hace esto es una persona feliz. Una mayor felicidad que
a ser un amigo de Dios, a vivir en comunión con Dios no
había, no hay y no habrá.
Ahora para nosotros es muy importante aceptar personalmente
la invitación de Jesucristo en esta parábola:
"Venid, que ya todo está preparado."
¿Quién quiere su infelicidad por lo que rehuse la
invitación, que haga en esta manera como han hecho los
hombres de la Nación Antigua de Dios?
Rehusar la invitación de Jesucristo significa a oír la otra
palabra de esta parábola:
"Porque os digo que ninguno de aquellos hombres que fueron
convidados, gustará mi cena."
Nuestra parábola tiene aún otro entendimiento:
En la persona del siervo hemos reconocido a Jesucristo, el
cual entrega la invitación de Dios. Pero hoy debemos decir
que Jesucristo es la invitación de Dios a nosotros y
nosotros somos los siervos de Dios, tú y yo.
Por esta parábola somos llamados a entregar esta invitación
de Dios a los hombres de nuestra cercanía:
la esposa, el marido, nuestros padres, nuestros hijos,
nuestros hermanos, nuestros conocidos, patrones y peones y
otros más,
Para todos estos somos siervos de Dios que testifican por
hablar y hacer que Jesucristo es la ayuda, el amor de Dios,
para todos nosotros.
"¡He aquí, yo os envío!"
Esta palabra de nuestro Señor Jesucristo es un llamado de
Jesucristo para nosotros, para ti y para mi.
Para la explicación de nuestra parábola y para nosotros como
estos siervos, esta palabra significa:
He aquí, yo te envío como mi siervo para que tu anuncies que
Dios por mí, Jesucristo, ama a todos los hombres y quiere
tener una relación con todos los hombres.
Oyendo este llamado de la misión como un siervo de
Jesucristo, debemos cumplir este llamado.
Hay también hombres, especialmente jóvenes que reciben un
llamdo como pastor o misionario o ayudantes de la Iglesia.
Tal vez Dios llame también en esta hora a un jóven como su
siervo en esta manera especial.
Pero nuestra parábola de la gran cena explica claramente que
nuestro servicio solamente es posible, porque en el
principio había este siervo, enviado de Dios, Jesucristo.
Este Jesucristo ha abierto la puerta de la casa de nuestro
Padre en los cielos. Por El somos convidados a la mesa de
nuestro Dios. El dio la posibilidad de la relación personal
entre Dios y nosotros.
Porque hemos oído la invitación:
"Venid, que ya todo esta preparado."
hay también para nosotros el llamdo de la misión:
"He aquí, yo os envío."