-6-Kirchenj. bis Ewigkeitssonntag 50
Lugar/Ort:Diamante

Fecha/Datum:21/11/1965
Otros Lugares/Weitere Predigtorte:
Camarero, 21-11-1965
Col. Nueva, 2-4-1966 -Cementerio-
Año Eclesiástico/Kirchenjahr:Domingo de Eternidad
Libro Bíblico/Buchbezeichnung:1 Tesalonicense 4: 13
Skopus: No estar tristes por la muerte.
-6- Kirchenj. bis Ewigkeitssonntag 50 -1 Tesalon.4:13
"Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que
duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no
tienen esperanza."

Hay muchas maneras de la conmemorización de nuestros
difuntos. Ya desde el principio de la historia de la
humanidad no se ha olvidado a los difuntos queridos. Esta
conmemorización, casí siempre, es unida con una tristeza.
con una melancolía muy profunda.
El motivo de este tristeza, de esta melancolía es el dolor
por la muerte, la cual nos separa de nuestros queridos.
Por tal conmemorización se realiza la perplejidad de la
humanidad por la realidad de la muerte.
¿Qué significación tiene la muerte?
¿Solamente un acontecimiento biológico dentro de este mundo
es la muerte?
Con estas se pregunta también:
¿Por qué yo vivo?
¿Qué sentido tiene mi vida?
Y hoy, en el día de los DIFUNTOS, hoy, en el domingo de la
Eternidad, ¿en qué manera pensamos en nuestros difuntos o en
nuestro propio morir?
¿Con dolor profundo? ¿Con melancolía? ¿Con preguntas sin
contestaciones?
Por nuestro texto, el apóstol Pablo nos llama de tal
posición:
"No estéis tristes como los otros que no tienen esperanza!"
Con esto el dice:
Tristeza siempre es una parte de la desesperación. No
necesitamos ser tristes. Cristianos son llenos de una
esperanza viviente. En sus vidas, los cristianos son
encontrados de su Señor Jesucristo. Y El indica el camino de
la oscuridad a la luz eterna, de la tristeza a la alegría,
de la muerte en la vida. El que anda con su Señor Jesucristo
este camino, no necesita estar triste, pensando a los
difuntos queridos, tampoco pensando en su muerte propia.
El llamado del cementerio de Jerusalén:
"Jesucristo resucitó, El resucitó verdaderamente",
es escuchable del día de la Resurrección hasta hoy por todos
los siglos. No hay una esperanza mayor que la resurrección
de Jesucristo de los muertos.
El fue el primero, y nosotros seguiremos.
La muerte, no siendo lo último, es la puerta hacia la vida
verdadera.
Por eso, para nosotros, no hay un motivo de estar triste.
De buena razón un poeta podía decir:
"La tristeza se retira,
porque Jesús entró en mi vida."
El apóstol Pablo, por su palabra, nos dice:
"No estéis tristes como los otros que no tienen esperanza",
quiere invitarnos a ser estas personas, teniendo una
esperanza que no se puede perder por la muerte.
Debemos levantar nuestras miradas de nuestros difuntos al
Señor, resucitado, Jesucristo.
Debemos aceptar que entra la alegría eterna en nuestros
corazones, también pensando en nuestra muerte. No
necesitamos la melancolía en nuestra vida.
El fin de nuestra vida, el fin de nuestros difuntos es
Jesucristo en la salvación eterna. Esto es nuestra alegría y
nuestra felicidad.