-6-Kirchenj. bis Ewigkeitssonntag 28
Lugar/Ort:Meroú-deutsch-

Fecha/Datum:01/11/1964
Otros Lugares/Weitere Predigtorte:
Colonia Nueva, -1968- spanisch-
Año Eclesiástico/Kirchenjahr:Ecum.Culto en el Cementerio-Friedhofsg.
Libro Bíblico/Buchbezeichnung:Romanos 14: 9 - Römer 14, 9
Skopus: Por Cristo la vida es más fuerte que la muerte.
-6- Kirchenj. bis Ewigkeitssonntag 28 -Romanos 14:9
"Cristo para esto murió y resucitó, y volvió a vivir, para
ser Señor así de los muertos como de los que viven."

Siempre que hemos de enterrar a una persona querida en el
cementerio o que nosotros nos juntamos en memoria de un
difunto alrededor de un sepulcro, se presenta la realidad
del mundo de la muerte, podemos reconocer el abismo profundo
entre el mundo de la muerte y el de la vida. Tenemos la
impresión que no hay un puente de un lado al otro.
Por eso, para todos nosotros la despedida de una persona
querida por la muerte es muy dolorosa, nos parece una
despedida para siempre.
En verdad, para todos nosotros el mundo de la muerte es una
pregunta muy grande y un futuro muy oscuro. Y pensando en
esta realidad, tenemos miedo.
Como hombres sabemos que la muerte produce siempre miedo y
horror. Hoy, en el siglo vigésimo, tenemos la posibilidad de
destruir este mundo y exterminar a todos los seres vivientes
y, por eso, sobre este mundo, sobre esta tierra, están miedo
y horror de lo que podría realizarse ya mañana.
¿Qué hacemos, nosotros, cristianos?
¿Tenemos miedo y horror también?
Claramente que SI, pero no necesitamos estarse en el miedo y
en el horror de la muerte.
También nuestro texto dice que no necesitamos quedarse en
miedo y horror de la muerte.
¿Por qué?
Porque también el mundo de la muerte está bajo el poder de
nuestro Señor y Salvador Jesucristo.
El Señor de los cielos y de la tierra no solamente es el
Señor de los vivientes, sino también de los muertos, de
nuestros difuntos.
Jesucristo testifica el día de la Resurrección en el
cementerio de Jerusalén, siendo más fuerte que la muerte,
que ha recibido de su Padre el poder sobre el mundo de la
muerte.
En Jesucristo tenemos el Salvador, que nos acompaña por esta
vida terrenal y por el mundo de la muerte.
Siendo sus discípulos, estamos en sus manos, en la vida y en
la muerte, recibiendo su amor y su ayuda.
Por esta realidad, siendo sus discípulos, para nosotros hay
también el puente sobre el abismo entre el mundo de la vida
y el de la muerte.
El que sabe que el querido difunto, habiendo acompanándonos
algunos tiempos, vivía en una relación personal con su Señor
Jesucristo, puede despedirse consoladamente y no necesita
desespararse. En Jesucristo también nosotros somos juntados
con ellos que son entrados ya en el mundo de la muerte.
Por eso, para un cristiano, la muerte y el mundo de la
muerte ha perdido su crueldad.
Por la muerte, claramente hay aún dificultades, dolores y
tristeza, pero situaciones sin salidas, situaciones de
desesperación pasaron para los cristianos.
No necesitamos temerse tampoco en el caso que personas de
locuras destruirán por bombas atomicas este mundo lindo y
exterminarán toda la humanidad y todos los seres humanos,
porque para nosotros, la destrucción o la muerte no es lo
último de todas las cosas, sino en el fin de todas las cosas
nos espera nuestro Salvador Jesucristo, Señor de la vida y
de la muerte, para recibirnos en su reino del amor.
Nuestro reformador Dr, Martín Lutero hizo el himno UN FIRME
AMPARO ES NUESTRO DIOS, según el Salmo 46, en que leemos
así:
"Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio
en las tribulaciones,por tanto, no temeremos, aunque la
tierra sea removida,y se traspasen los montes al corazón del
mar."
De Jesucristo así luce uns esperanza alegre y entra en
nuestro mundo terrenal y también en el mundo de la muerte y
supera temor, miedo y horror.
Nuestro Señor Jesucristo nos tiene en sus manos como
vivientes y como muertos y nos da juntamente un futuro feliz
y alegre, un futuro de la vida eterna.
El visionario Juan en el Apocalipsis dice así:
"Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no
habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor,
porque las primeras cosas pasaron. Y el que estaba sentado
en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas."