-5-Kirchenj. bis 14.S.n.Trinitatis 37
Lugar/Ort:Diamante

Fecha/Datum:15/10/1966
Otros Lugares/Weitere Predigtorte:
Paraná, 6-11-1966
Año Eclesiástico/Kirchenjahr:12 Domingo desp. de Trinitatis
Libro Bíblico/Buchbezeichnung:Isaías 29: 18-24
Skopus: "La esperanza en una nueva vida
-5- Kirchenj. bis 14.S.n.Trinitatis 37 -Isaías 29:18-24
"En aquel tiempo los sordos oirán las palabras del libro, y
los ojos de los ciegos verán en medio de la oscuridad y de
las tinieblas. Entonces los humildes crecerán en alegría en
Jehová, y aun los más pobres de los hombres se gozarán en el
Santo de Israel. Porque el violento será acabado, y el
escarnecidor será consumido; serán destruidos todos los que
se desvelan para hacer iniquidad, los que que hacen pecar al
hombre en palabra; los que araman lazo al que reprendía en
la puerta, y pervierten la causa del justo con vanidad. Por
tanto, Jehová, que redimió a Abraham, dice así a la casa de
Jacob: No será ahora avergonzado Jacob, ni su rostro se
pondrá pálido; porque verá a sus hijos, obra de mis manos en
medio de ellos, que santificarán mi nombre de Jacob, y
santificarán al Santo y temerán al Dios de Israel. Y los
extraviados de espíritu aprendarán inteligencia, y los
murmuradores aprenderán doctrina."

El hombre, habiendo hablado estas palabras de nuestro texto,
conoce la vida humana en esta tierra. ¡Qué miserias son
visibles! pensando, por ejemplo, en sordomudez y en
ceguedad.
Y nuestro texto piensa primeramente en estas debilidades
corporales. Pero sabemos también de una sordomudez y de una
ceguedad espiritual que pueden hacer muchas dificultades y
miserias a nosotros mismos y a otras personas.
Nuestro profeta conoce también la vida de las personas
infelices o pobres o de las personas que no tienen nada para
comer o no saben de vestirse.
El profeta sabe lo que significa perder su marido o su padre
por la muerte.
El profeta sabe lo que significa hacer la vida de los otros
en un infierno, por dictadores gobernales, por padres o
hijos, por hermanos o vecinos malos. También sabe lo que se
realice en los corazones de las personas que se esfuerzan
vivir bien y justamente, pero por las otras son
despreciadas.
No se puede y no se quiere entender y comprender que la
justicia y el derecho son corrumpidos en una manera, que se
puede cambiar, por dinero, injusticia en justicia.
Lo que el profeta había observado ya hace 3 mil años, en los
últimos 50 años se ha ampliado aún más en nuestro siglo.
No se puede comprender o entender todas las miserias y
crueldades inmensas e intensas que personas debían sufrir
por la culpa de las otras personas.
Especialmente nosostras, como personas del siglo vigésimo,
sabemos aún mejor que el profeta, que el mundo humano, que
nuestro mundo terrenal, está bajo el poder del malo, del
maligno.
Ahora, por nuestro texto, el profeta anuncia que vendrá un
tiempo en que los mudos hablarán y los ciegos verán, los
tristes se alegrarán y los pobres tendrán lo que necesitan.
La esclavitud de las personas terminará y justicia y derecho
gobernarán entre los hombres.
Pero, ahora debemos preguntar:
¿Qué se realizó con esta profecía? ¿Cuándo se ha cumplido
esta palabra del profeta? ¿Es una palabra vacía, sin una
realidad?
Sabemos que el cumplimiento de esta profecía deberá ser
juntado con el advenimiento del Salvador, del Mesías, con la
entrada del reino de Dios en medio de nosotros, en el fin
del mundo.
En los evangelios hay muchas señales que indican que la
Igleisa Cristiana Primitiva ha comprendido, ha entendido, el
advenimiento de Jesucristo como la entrada del reino de Dios
en nuestra tierra, como el principio del cumplimiento de
nuestra profecía.
¿Cómo Jesucristo contesta la pregunta de Juan, el Bautista:
"¿Eres tú aquel que había de venir, o esperaremos a otro?
Jesús dijo: Id, y haced saber a Juan:
Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados,
los sordos oyen, los muertos son resucitados y a los pobres
es anunciado el evangelio."
Pero debemos preguntar áun más:
¿Estas señales por Jesucristo en el tiempo antiguo no pueden
ser el cumplimiento perfecto de la profecía?
Verdad, la gran esperanza del profeta todavía no se ha
cumplido por el advenimiento de Jesús, hace 2.000 años. Lo
que aconteció hace 2.000 años fue solamente una mirada en el
futuro del segundo advenimiento de Jesucristo en este mundo,
para cumplir perfectamente las profecías antiguas y nuevas.
El Nuevo Testamente está llenado de la esperanza en lo que
que se realizará por el Señor Jeuscristo. Leemos en la
segunda epístola del apóstol Pedro así:
Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y
tierra nueva, ,en los cuales mora la justicia."
De nuestro texto podemos saber también una realidad muy
importante. El profeta no espera la salvación eterna para
nosotros en los cielos entre los ángeles, como se canta en
muchos himnos, sino en esta nuestra tierra.
En la salvación nuestras almas no estarán en los cielos
cerca del Trono de Dios, sino Dios vendrá con su mundo
celestial en nuestra tierra, entre nosotros como criaturas
verdaderas con cuerpo y alma.
Leemos así en el apocalipsis:
"He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará
con ellos, y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con
ellos como su Dios."
Salvación eterna no se puede entender como cumplimiento de
nuestros sueños religiosos o deseos píos, sino realmente
como restablecimiento de nuestros cuerpos y almas, como
restauración de nuestras vidas humanas sin engaños, sin odio
y sin riñas, como restauración de una vida sin pobreza. Y en
esta vida restablecida, nosotros no viviremos en rebelión
contra Dios, sino en agradecimiento y alabanza hacia El,
cantando los himnos, cantando en comunión con todos los
creyentes de todas las naciones y de todas las iglesias del
mundo.
Esta palabra del profeta ha dado ya, en tiempos antiguos y
nuevos, a muchas personas ánimo y alegría para superar las
contrariedades de esta vida con enfermedades y miserias en
una esperanza muy grande en lo que vendrá.
También a nosotros esta palabra quisiera darnos en nuestra
vida ánimo y alegría nueva:
"Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo
presente no son comparables con la gloria venidera que en
nosotros ha de manifestarse."