-4-Kirchenjahr bis Pfingsten 40b
Lugar/Ort:Aldea Protestante

Fecha/Datum:06/06/1976
Otros Lugares/Weitere Predigtorte:
Reffino, 6-6-1976 -spanisch-
Camarero/Puiggari, 6-6-1976 -spanisch-
Camarero/Puiggari, 28-5-1977 -spanisch-
Meroú, 13-6-1976 -spanisch-
Meroú, 28-5-1972 -deutsch-
Aldea Protestante, 18-5-1975 -deutsch-
Grabschental, 25-5-1975 -deutsch-
Reffino, 28-5-1977 -deutsch-
Año Eclesiástico/Kirchenjahr:Pentecostés - Pfingsten
Libro Bíblico/Buchbezeichnung:Mateo 16: 13-20 - Matthäus 16, 13-20
Skopus: El perdón es obra del Espíritu Santo
-4- Kirchenjahr bis Pfingsten 40b -Mateo 16: 13-20
"Viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a
sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el
Hijo del Hombre? Ellos dijerom: Unos, Juan el Bautista;
otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas.
El les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?
Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo
de Dios viviente. Entonces le respondió Jesús:
Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo
reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los
cielos. Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre
esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no
prevalecerán contra ella. Y a ti te daré las llaves del
reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será
atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra
será desatado en los cielos. Entonces mandó a sus discípulos
que a nadie dijesen que él era Jesús el Cristo."

Por este texto podemos entender y comprender mejor lo que
significa para nosotros PENTECOSTÉS.
Diciendo esta palabra, pensamos en la venida del Espíritu
Santo, también en la fundación de la Iglesia Cristiana, hace
2 mil añoa en Jerusalén.
Nuestro texto de la predicación, un cuadro de la vida de
Jesús con sus discípulos ante su crucifixión, tiene dos
explicaciones esenciales, relacionadas con lo que se realizó
el primer día de Pentecostés en Jerusalén. Se tiene la
impresión de una simultaneidad de la vida de Jesús con la
venida del Espíritu Santo.
Primeramente nuestro texto expresa la realidad del Espíritu
Santo con la contestación de Simón Pedro a la pregunta del
Señor:
"¿quién dice la gente que soy yo?,
como sigue
"Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios viviente."
Hace Pentecostés, todos los que se llaman cristianos,
confiesan, que han hallado por y en Jesucristo, el que
cambió y cambia en el fondo la historia del mundo y la vida
de los hombres. Solamente por El vale la pena vivir en este
mundo.
"Tú, Jesús de Nazaret, enviado por Dios, nos das sentido y
dirección de nuestra vida; por Ti, Hijo de Dios, recibimos
la ayuda del Creador."
Una persona no puede hablar esto por sus propias fuerzas,
sino necesita una ayuda especial de Dios. El mismo nos da
esta convicción. Sin un milagro, una persona no puede
confesar que Jesucristo sea su Señor:
"Simón, hijo de Jonás, ningún hombre te ha mostrado esto,
sino mi Padre que está en el cielo",
dice Jesús.
Pedro vivió como primero ya ante Pentecostés, el milagro del
Espíritu Santo.
La segunda relación de nuestro texto con Pentecostés, con la
fundación de la Iglesia Cristiana, es expresada por el
versículo siguente:
"Pedro, yo te daré las llaves del reino de los cielos; lo
que tú prohibas aquí en esta tierra quedará prohibido
también en el cielo, y lo que tú permitas en este mundo
quedará permitido en el cielo."
Sabemos que según este texto, la Iglesia Católica Romana
dice que su Papa recibió directamente de Jesucristo un poder
especial. Pero según el texto, no el Papa recibió un poder
especial, sino Simón Pedro, quien es un apóstol de
Jesucristo.
En otro evangelio, el Señor actuó en esta forma con todos
los otros apóstoles y por eso podemos decir que más tarde
por la venida del Espíritu Santo y por la fundación de su
iglesia, Jesucristo dio a todos los cristianos el poder
especial, como dice el texto:
"Lo que tú prohibas aquí en esta tierra quedará prohibido
también en el cielo y lo que tú permitas en este mundo
quedará permitido en el cielo. Con esto te doy las llaves
del reino de los cielos."
Por esto recibió la iglesia con todos sus miembros el poder
de perdonar la culpa de los hombres o negar este perdón. Por
el perdón de nuestra culpa, Dios nos da una posibilidad
extraordinacia, no preguntando por la gravedad de una culpa,
empezar nuevamente con nuestra vida, en la relación con Dios
y con otros hombres.
Martín Lutero dice en su Catecismo Menor, en la parte de la
Potestad de las LLaves:
"Qué es ésta? La potestad de las llaves es el singular poder
eclesiástico, que Cristo dio a su iglesia en la tierra, de
perdonar los pecados a los arrepentidos, pero de retener
aquellos, mientras no se arrepientan."
Yo pienso personalmente que en nuestras congregaciones
muchos miembros no utilizan esta posibilidad del perdón de
sus culpas. Yo no solamente pienso en la realidad de la
posibilidad del perdón por culto, bautismoo, santa cena,
oración y confesión pública, sino también en el perdón de
persona a persona, tal vez entre esposos, padres e hijos,
entre vecinos, de cristiano a cristiano, tal vez por el
pastor, dicho en una confesión privada.
Perdiendo esta expresión de nuestra fe cristiana que se
llama confesión y absolución que no es solamente una
práctica de la Iglesia Católica Romana, sino centro de la fe
cristiana, se han ampliado e intensificado las
complicaciones entre los hombres y causado muchas
enfermedades del cuerpo, de la mente y del alma, hasta la
posibilidad de suicidios.
¿No debemos orar, por eso, también por el Espíritu Santo,
para que nos dé la libertad de confesar y de dar y recibir
la absolución dentro de nuestras congregaciones?
Jesús, habiendo dicho a Simón Pedro:
"Yo te digo que tú eres Pedro, que quiere decir PIEDRA, y
sobre esta roca voy a construir mi iglesia,"
afirma que la iglesia cristiana con sus congregaciones, que
el actuar del Espíritu Santo, que confesión, absolución y
perdón de los pecados, que la renovación de nuestra vida,
también en nuestra vida personal, solamente es posible donde
Jesús de Nazaret sea reconocido como El que nos da sentido y
dirección de nuestra vida, como Hijo de Dios.
La roca sobre la cual es construida la Iglesia, no es Simón
Pedro, tampoco el Papa, sino únicamente Jesús de Nazaret, el
cual también superará todas las difucultades de este tiempo.