-3-Kirchenjahr bis Karfreitag 85a
Lugar/Ort:Aldea Protestante

Fecha/Datum:17/04/1981
Otros Lugares/Weitere Predigtorte:
Diamante, 18-4-1981 -spanisch-
Reffino, 9-4-19881 -spanisch-
Grabschental, 17-4-1982 -spanisch-
Aldea Protestante, 12-4-1968 -deutsch-
Diamante, 13-4-1968 -deutsch-
Camarero, 27-3-1970 -deutsch-
Aldea Protestante, 13-4-1979 -deutsch-
Grabschental, 13-4-1979 -deutsch-
Meroú, 13-4-19979 -deutsch-
Reffiono, 13-4-1979 -deutsch-
Año Eclesiástico/Kirchenjahr:Viernes Santo - Karfreitag
Libro Bíblico/Buchbezeichnung:Juan 19: 16-30 - Johannes 19, 16-30
Skopus:
-3- Kirchenjahr bis Karfreitag 85a -Juan 19, 16-30
"Así que entonces lo entregó a ellos para que fuese
crucificado. Tomaron, pues, a Jesús, y le llevaron. Y él,
cargando su cruz, salió al lugar llamado de la Calavera, y
en hebreo, Gólgota; y allí le crucificaron, y con él a otro
dos, uno a cada lado, y Jesús en medio. Escribió también
Pilato un título, que puso sobre la cruz, el cual decía:
Jesús NAZARENO, REY DE LOS JUDÍOS. Y muchos de los judíos
leyeron este título; porque el lugar donde Jesús fue
crucificado estaba cerca de la ciudad, y el título estaba
escrito en hebreo, en griego y en latín. Dijeron a Pilato
los principales sacerdotes de los judíos: No escribas: Rey
de los judíos; sino, que él dijo: soy Rey de los judíos.
Respondió Pilato: Lo que he escrito, he escrito. Cuando los
soldados hubieron crucificado a Jesús, tomaron sus vestidos,
e hicieron cuatro partes, una para cada soldado. Tomaron
también su túnica, la cual era sin costura, de un solo
tejido de arriba abajo. Entonces dijeron entre sí: No la
partamos, sino echemos suertes sobre ella, a ver de quién
será. Esto fue para que se cumpliese la Escritura, que dice:
Repartieron entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echaron
suertes. Y así lo hicieron los soldados. Estaban junto a la
cruz de Jesús su madre, y la hermana de su madre, María
mujer de Cleofas, y María Magdalena. Cuando vio Jesús a su
madre, y al discípulo a quien él amaba, que estaba presente,
dijo a su madre: Mujer, he aquí tu hijo. Después dijo al
discípulo: He aquí tu madre. Y desde aquella hora el
discípulo la recibió en su casa. Después de esto, sabiendo
Jesús que ya todo estaba consumado, dijo, para que la
Escritura se cumpliese: Tengo sed. Y estaba allí una vasija
llena de vinagre; entonces ellos empaparon en vinagre una
esponja, y poniéndola en un hisopo, se la acercaron a la
boca. Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: Consumado
es. Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu."

¿Qué hemos pensado escuchando los versículos de nuestro
texto?
Contestar esta pregunta es muy importante para todos
nosotros.
Sabemos que lo que se realizó en Gólgota, la historia de la
crucifixión de Jesucristo, abre el camino a favor de nuestra
salvación. Él que no comprende o no acepta esta Pasión de
nuestro Señor en la cruz, se cierra atomáticamente este
camino a su salvación.
Meditando los padecimientos con las reglas de un hombre de
la ciencia o con los ojos de un criminalista o de un
militar, solamente acepta este texto como la historia del
fin de un fanático o de un rebelde.
Es verdad: Somos espectadores como una muchedumbre fanática
y pía entrega a uno de los suyos, los cuales se sienten
molestados por el, al poder estatal con la acusación, que
sea un revolucionario contra el César de Roma. Y contra esta
masa fanatizada, el gobernador Poncio Pilato, el
representante del poder estatal, no podía hacer nada. Debía
cumplir su pedido, en otro caso no podía ser más el
gobernador de Palestina.
Así va a ser el ejecutor de la voluntad de una masa
fanatizada.
Jesús termina ignominiosamente en la cruz.
La cruz es hoy ninguna otra cosa que la cuerda o la
guillotina o la silla eléctrica en la ejecución de un
criminal.
Los otros evangelistas según Mateo, Marcos y Lucas saben
mejor que la cruz de Gólgota, en que Jesucristo, el Hijo de
Dios, murió, es una señal de vergüenza. No solamente que
nosotros no queremos hacer lo que Dios dice por su Hijo:
"Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado",
sino tampoco más queríamos escuchar lo que él dijo, por eso,
el exhortador incómodo debía desaparecer:
"¡Qué muera! ¡Qué muera! ¡Crucífícalo!"
Pero el evangelista Juan testifica en una manera especial la
nueva realidad que por Dios mismo la cruz como señal de la
vergüenza se cambió en una señal de la esperanza. Juan no va
a ser cansado a testificar que el camino a la cruz y a la
muerte es el camino de Dios para Jesús, a favor de la
salvación de nosotros, hombres.
Pablo, por eso, puede decir lo mismo, pero con otras
palabras, así:
"El mensaje de la muerte de Cristo en la cruz parece
tontería a los que van a la destrucción, pero a los que
vamos a la salvación es poder de Dios."
El que mira a Jesús en la cruz, puede reconocerse a si mismo
en la cruz, por su desobediencia contra Dios y por su falta
de cariño a sus prójimos. Y el que acepta y lamenta que
tiene culpa que Jesucristo debía morir en la cruz, hizo ya
los primeros pasos a favor de su salvación y sobre su vida
se levanta el sol brillante de la esperanza divina:
"A los que vamos a la salvación, este mensaje de la cruz es
poder de Dios."
Jesús, llamando en la cruz:
"Todo está cumplido,"
y expirando su vida, ha cumplido el camino de sus
padecimientos. Por estos fueron puestos los fundamentos de
la esperanza muy grande de nuestra vida.
Se podía presentir ya lo que será visible totalmente en la
Pascua de la Resurrección:
Dios nos da en lugar de condenación salvación y ayuda, en
lugar de desesperación esperanza, en lugar de tristeza
alegría y en lugar de odio amor.
Desde entonces no necesitamos vivir bajo la ira de Dios,
sino podemos vivir con su amor:
"Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi
misericordia."
De este sigue que podemos empezar también a amar a El y a
nuestros prójimos.
Juan, el evangelista, el cual por nuestro texto anuncia la
crucifixión de su Señor, está entusiasmado por este amor
divino muy grande y quiere darnos una nueva esperanza y una
nueva alegría. El puede ver ya en medio de los hechos
crueles la grandeza, la majestad de Jesucristo, en medio de
su derrota la victoria y en su muerte la resurrección y una
vida verdaderamente humana. Juan reconoce ya en la corona de
espinas la corona del rey de la paz y de la alegría de
Jesucristo, no solamente rey del pueblo Israel, sino el
Señor de todos los señores, el cual tiene firmemente en sus
manos cielos y tierra.
"Y todos los que oyen el nombre de Jesús se pongan de
rodillas, reconociendo y diciendo que Jesucristo es Señor
para honra de Dios el Padre."
También el gobernador Poncio Pilato, el cual tenía en su
corazón solamente desprecio para Jesús y para los superiores
de los judíos con la inscripción en le cruz
"Jesús de Nazaret, rey de los judíos",
va a ser indirectamente un anunciador, un predicador, del
reino de los cielos y del rey Jesucristo:
"Lo que escribí, así se queda",
dice a los superiores del pueblo Israel que protestan contra
la inscripción.
Ningún otro que el crucificado, odiado por los píos, es El
que por todo esto nos da el amor de su Padre en los cielos.
Ningún otro que el crucificado, condenado a la muerte por el
pagano Poncio Pilato, es El que abre también para paganos y
ateístas la puerta a Dios.
Ningún otro que el crucificado, el cual entre 2 criminales
muere, es El que también a los que son cayados muy bajo, da
su mano de la ayuda para una nueva vida.
Ningún otro que el crucificado es El que testifica que su
camino, el único camino, de la salvación del mundo y de los
hombres es para todos los hombre, no solamente para algunos
poco grupos. Todo esto y aún más es expresado por las
palabras de Jesucristo en sus últimos minutos:
"Todo está cumplido."
Entre los, para los cuales Jesús había hecho su obra,
también nosotros somos. También para nosotros tiene validez
el amor de nuestro Padre en los cielos, un amor que
recibimos por su Hijo crucificado.