-3-Kirchenjahr bis Karfreitag 82b I
Lugar/Ort:Camarero/Puiggari

Fecha/Datum:12/04/1974
Otros Lugares/Weitere Predigtorte:
Paraná, 12-4-1974 -spanisch-
Meroú, 12-4-1974 -spanisch-
Reffino, 12-4-1974 -spanisch-
Aldea Protestante, 27-3-1975 -spanisch-
Diamante, 28-3-1975 -spanisch-
Diamante, 9-4-1977 -spanisch-
Año Eclesiástico/Kirchenjahr:Viernes Santo
Libro Bíblico/Buchbezeichnung:Lucas 23: 33-34
Skopus: La luz del mundo nuevo entró en el mundo viejo
-3- Kirchenjahr bis Karfreitag 82bI -Lukas: 23, 33+34
"Cuando llegaron al lugar que se llama La Calavera,
crucificaron a Jesús, y también a los dos criminales: uno a
su derecha y otro a su izquierda. Y cuando lo estaban
crucificando, Jesús dijo: Padre, perdónalos, porque no saben
lo que hacen."
El más oscuro día de la historia de la humanidad vino. Para
El que quiere ayudarnos en nuestros problemas y miserias,
conocemos solamente una única contestación:

"¡Fuera, fuera, con ese!"
Se formó esta contestación con los píos y los paganos, con
los poderosos y los suprimidos.
Meditando como cristianos sobre la significación del Viernes
Santo, hemos de reconocer primeramente que no somos mejores
hombres que los del tiempo de Jesús. Nuestro actuar en la
vida por hacer y por hablar en la relación con Dios y con
nuestros prójimos se realiza así que, viviría hoy Jesús y
pediría más responsabilidad de nosotros en nuestro actuar
gritaríamos también:
"¡Fuera, fuera, con ese!"
Esto deben experimentar ya hoy sus seguidores en la misma
manera.
Nuestro mundo es el mismo del tiempo hace 2 mil años,
también nosotros, seres humanos, somos los mismos.
Nuestro actuar hemos de caracterizar en la manera igual:
"¡Fuera, fuera, con este Jesús de Nazaret!, no le aceptamos,
caudillo de mi vida, caudillo del mundo y de la humanidad."
Leyendo en el evangelio, según el texto, así:
"Cuando llegaron al lugar que se llama La Calavera,
crucificaron a Jesús",
hemos de comprender hoy este versículos así:
"De una fe cristiana que nos dirige en comercio, trabajo y
política no queremos saber nada. A tal Jesús no queremos
conocer. Amamos a un Jesús muerto que no dice nada a
nosotros en nuestro hacer."
Para poder reconocer esta relación, tenemos Viernes Santo.
La cruz de Gólgota nos indica que nosotros, cristianos, nos
hemos apartado muy lejos de Jesucristo.
Con El empezó una nueva historia del mundo y de la humanidad
con el destino a posibilitar a todos los seres humanos una
vida humana verdadera según la intención de la creación por
Dios.
Pero nosotros queremos anular este destino por nuestros
propios provechos.
Como una gratitud especial que Jesús nos dio nuevas
esperanzas, debía padecer esto:
Como un criminal condenado a la pena capital. Entre dos
criminales verdaderos expiró en la cruz, matado por
nosotros.
Es un ejemplo de los muchos que fueron matados hoy por
otros, por hambre. Por ejemplo mueren cada día hoy en la
Argentina muchos niños, por hambre y enfermedades, por
asaltos y atentados.
Verdaderamente el días más oscuro de la historia de la
humanidad, en que hemos contestado el amor de Dios a
nosotros con el asesinato de Jesucristo, en que hasta hoy
somos capaces y listos para menospreciar y aniquilar la vida
de un prójimo. En San Isidro mueren ahora 1/3 de los
jubilados más que en tiempos normales.
Se puede comprender que el Viernes Santo se realizó una
oscuridad profunda en Palestina. ¿No debe realizarse en
nuestro tiempo también una oscuridad profunda sobre toda la
tierra por el menosprecio fanático de la vida humana?
Millones de hombres todos los años mueren por la culpa de
los otros.
La cruz de Gólgota y Viernes Santo descubren que la
humanidad y el mundo de nuestro lado no puede esperar ayuda.
¡Cuántos hombres hoy matarían a otros, pudiendo salvar por
este actuar su propia vida!
De nuestro lado solamente se pueden esperar para el futuro
un fin terrible, en que el uno es el enemigo del otro, tal
vez ya en la propia familia. Habiendo matado a Jesucristo,
el representante del amor de Dios, el ayudador de la
humanidad, no se puede esperar que no se mate a un prójimo.
Nuestra vida humana de hoy es caracterizada por el temor, el
miedo o la angustia.
Estas palabras son las llaves para poder entender y
comprender los hechos en el mundo de hoy.
Lo que es expresado con estas tres palabras, temor, miedo,
angustia, reina también en la Argentina, en el Brasil, en
Chile, en Paraguay, en Bolivia y en Perú, pero no solamente
en nuestro continente, sino también en África y Asia.
Maravillosamente, empero, en medio de la oscuridad del
Viernes Santo ya entró en este mundo malo la luz de un mundo
nuevo.
Esta luz viene de Jesucristo, torturado y crucificado, con
sus palabras:
"Padre, perdónalos; porque no saben lo que hacen!"
De la boca del crucificacdo no vienen palabras de ira o de
odio, tampoco de condenación o venganza. No grita fuego y
azufre sobre sus enemigos. No, de todo esto no escuchamos
nada, sino solamente la palabra maravillosa:
"¡Padre, perdónalos; porque no saben lo que hacen!"
El crucificado pide a su Padre por ayuda a sus asesinos.
En la instalación del reino de la Paz, Jesucristo necesita a
muchas personas como sus colaboradores, por eso, no abandona
a nadie, tampoco a los verdugos de sus prójimos. En la
relación con Jesucristo, también aun un asesino puede
cambiarse en un hombre que más tarde ayuda a sus prójimos.
De un opresor será un hombre que lucha a favor de los
oprimidos.
¿No se cambió de un perseguidor de los cristianso, Pablo, en
un apóstol de Jesucristpo?
Por el perdón de los malos hechos pasados, el Señor nos
libera para empezar un nuevo futuro.
Nosotros, hombres, vivimos normalmente en una círculo
diabólico, en que se contestan una cosa mala con otra mala,
hasta el punto que matrimonios se separan y familias viven
en disputas y se realizan revoluciones y guerras.
Jesucristo nos indica, en que manera podemos destruir el
círculo diabólico del malo. No por lo que contestamos malo
por malo, sino por la anunlación del malo por el perdón.
Jesús anuló lo malo peor de la historia de la humanidfad en
lo que perdonó a sus asesinos:
"Padre, ¡Perdónalos, porque no saben lo que hacen!"
Jesús da sus manos de ayuda y de perdón también a sus
enemigos, a nosotros, los cuales, bajo la cruz de Gólgota,
hemos reconocido que no somos mejor que los hombres hace 2
mil años.
El que bajo la cruz de Cristo reconoció su situación sin
salidas y su pasado malo, puede aceptar personalmente la
palabra del perdón del Señor. En la cruz de Gólgota, Jesús
pide a su Padre en los cielos también por la posibilidad de
poder empezar nuevamente de nosotros y anula el pasado por
perdón.
En esta manera podemos hacer progresos en la historia de la
humanidad.
Gólgota con el perdón nos da una vida humana digna y nos
hace a colaboradores de un mundo nuevo y feliz, en que se
vive en alegría.
En toda la oscuridad del Viernes Santo ya brilla un rayo del
nuevo mundo y nos da nuevas esperanzas hacia el futuro,
hacia el venidero.
Por lo que se realizó en la mañana de la Pascua de la
Resurrección, se aumenta una luz clara y deja conocernos
mejor el fin, el destino de nuestro camino.
El mundo de la vida entró en el mundo de la muerte:
"Jesús dijo: Padre, ¡perdónalos, porque no saben lo que
hacen!"