-3-Kirchenjahr bis Karfreitag 77
Lugar/Ort:Grabschental

Fecha/Datum:13/04/1979
Otros Lugares/Weitere Predigtorte:
Reffino, 4-4-1979 -spanisch-
Camarero/Puiggari, 17-4-1981 -spanisch-
Aldea Protestante, 27-3-1959 -deutsch-
Aldea Protestante, 7-4-1977 -deutsch-
Grabschental, 4-4-1980 -deutsch-
Año Eclesiástico/Kirchenjahr:Viernes Santo - Karfreitag
Libro Bíblico/Buchbezeichnung:Isaías 50:4-9 - Jesaja 50,4-9
Skopus: Lo que significa seguir a Jesucristo
-3- Kirchenjahr bis Karfreitag 77 -Isaías 50:4-9
"Jehová el Señor me dio lengua de sabios, para saber hablar
palabras al cansado; despertará mañana tras mañana,
despertará mi oído para que oiga como los sabios. Jehová el
Señor me abrió el oído, y yo no fue rebelde, ni me volví
atrás. Di mi cuerpo a los heridores, y mis mejillas a los
que me mesaban la barba; no escondí mi rostro de injurias y
de esputos. Porque Jehová el Señor me ayudará, por tanto no
me avergoncé; por eso puse mi rostro como un pedernal, y sé
que no seré avergonzado. Cercano está de mí el que me salva;
¿quién contenderá conmigo? Juntémonos. ¿Quién es el
adversario de mi causa? Acérquese a mí. He aquí que Jehová
el Señor me ayudará; ¿quién hay que me condene? He aquí que
todos ellos se envejecerán como ropa de vestir, serán
comidos por la polilla."

Nuestro texto habla de un profeta de Dios, pensando en un
profeta determinado, pero no diciendo exactamente quien es
el profeta o el siervo de Dios.
Dicho es solamente lo que hace y lo que hacen los otros con
el. Este profeta o siervo de Dios recibió la orden para
abrir su boca y anunciar el mensaje de su Creador.
"Jehová el Señor me dio lengua de sabios, para saber hablar
palabras al cansado."
Notamos por este texto la seriedad, en que el anunciador
debe decir la palabra de Dios.
No hemos de olvidar, tampoco debemos olvidar que hoy todos
nosotros, cristianos, también somos anunciadores de la
palabra de Dios, por palabras y hechos, donde vivimos y
trabajamos.
Testificar el mensaje alegre del Reino de Dios no es
exclusivamente la orden para pastores o servidores
especiales, sino una obligación para todos nosotros,
cristianos.
Hablando en nuestra predicación de profetas o predicadores o
testigos, pensamos en todos los cristianos que aceptan y
practican verdaderamente su fe, por eso pensamos en todos
nosotros, reunidos en este culto, sin diferencia. Un
profeta, un predicador de Dios, testificando poderosamente
el evangelio, no dice sus propios pensamientos y opiniones o
ideas, sino lo que Dios manda.
Pero en esto está también una alegría muy grande, que
nosotros no necesitamos mucha sabiduría, estudios o
pensamientos altos, sino Dios nos pone en nuestra boca su
palabra. Es dicho también a quien debe anunciar la palabra
de Dios, a los cansados y a los desanimados. Por toda la
Biblia es oíble el mensaje alegre para estos cansados y
desanimados y tristes:
"Vengan a mí, todos ustedes que están cansados de sus
trabajos y de sus cargas, y yo les dará descanso."
Ciertamente también nosotros hemos recibido ya nuevas
fuerzas, siendo desanimados, fuimos consolados en tiempos de
tristeza y fuimos levantados en situaciones cansadas.
En textos antiguos tenemos aun otra palabra en lugar de
cansados: MALOS o REBELDES.
Necesitamos, por eso, escuchamos también la otra versión de
nuestro versículo:
"Jehová el Señor me dio lengua de sabios, para saber hablar
palabras al malo y al rebelde."
No es una cosa muy fácil decir también la palabra de Dios a
los malos y a los rebeldes. La palabra de Dios no quiere ser
anunciada exclusivamente a los que esperan y buscan, sino
también a los que no quieren escuchar u oír, a los que
menosprecian ésta o a los que viven en una enemistad abierta
contra su Dios.
El profeta Jeremías no ha dicho alegremente a su pueblo esta
palabra:
"Dios decidió aniquilarte."
o el profeta Natán a su rey David:
"Tú eres un asesino."
Tampoco es una cosa fácil que un pastor debe decir a su
congregación que está en un camino malo y no se puede
llamarse congregación CRISTIANA.
Es en verdad muy difícil testificar a un malo la palabra de
Dios como exhortación y castigo. Solamente se puede hacer
esto cuando se tiene la convención que Dios pide esto como
obligación.
En nuestro texto, el profeta puede decir la verdad,
confesando:
"Jehová el Señor me abrió el oído, y YO NO FUI REBELDE, ni
me volví atrás."
Exactamente esta obediencia es pedida por Dios de sus hijos,
igual que es un profeta, un predicador profesional o un
miembro normal de una congregación cristiana.
Dios, el Señor, espera de nosotros una obediencia total, no
preguntando por lo que sigue. Ya muchos debían padecer
gravemente por su obediencia total como nuestro profeta en
el texto:
"Di mi cuerpo a los heridores, y mis mejillas a los que me
mesaban la barba, no escondé mi rostro de injurias y de
esputos."
El que acepta seriamente ser un testigo fiel de Jesucristo,
no recibe la promesa que tiene en su vida solamente
felicidad y alegría. La obediencia a Dios y a su palabra es
el motivo de mucha enemistad entre los seres humanos y
también la causa de persecuciones, torturas, cárcel y talvez
la muerte.
Muchos cristianos ya debían pagar su obediencia a Dios con
la pérdida de su salud o propiedad o la vida.
(En la predicación en alemán de 1977 fue explicado an este
punto:
"Das ist nicht nur eine Tatsache in den kommunistischen
Ländern, sondern leider geschieht das in allen
diktatorischen Staaten, besonders jetzt auch in
Lateinamerika. Eine Christenverfolgung besonderer Art hat
bereits angefangen und ist im vollen Gange. So primitiv wie
die Römer es gemacht haben, geschieht es heute nicht mehr,
sondern sie werden diffamiert als subversive oder sie werden
al Kommunisten verdächtigt.")
Esto no solamente se realiza en países de ideologías
extremas, sino en casi todos los países, en que el mensaje
del evangelio no será aceptado.
No se hace una persecución en la forma primitiva como los
romanos en el tiempo antiguo o en las dictaduras de
ideologías de nuestro tiempo.
Hoy los cristianos que quieren ser obedientes a Dios y a su
palabra, serán difamados como tontos o locos o serán
acusados como traicionadores de patria o rebeldes.
Recibiendo este texto para una predicación o meditación del
Jueves o Viernes Santo, hemos de ver por este texto en la
dirección de la cruz de Gólgota con Jesús de Nazaret, Hijo
de Dios.
En Jesucristo se hizo la palabra de Dios hombre. La palabra
misma de Dios en la forma de Jesús anda por el país,
consolando a los tristes, dando fuerzas a los débiles y
cansados, y pan para los hambrientos, echando sobre los
malos e injustos un juicio terrible y la condenación eterna.
¿Qué dice Jesús a los hipócritas píos:
"!Serpientes! ¡Raza de víboras! ¿Cómo van a escapar del
castigo del infierno?"
Este Jesús de Nazaret ha practicado en su vida, por hechos y
palabras, lo que significa obedecer a su Dios. No tenía
miedo a lo que sigue de su obediencia.
Siguiendo a El en su camino, somos también cristianos
obedientes, padeciendo en la misma manera como El ira y
persecución de los enemigos de Dios. De El leemos así:
"Y cuando tenía la forma de hombre, se humilló y por su
obediencia fue a la muerte, aunque era la muerte vergonzosa
de la cruz."
La cruz de Gólgota indica a la consecuencia última de una
obediencia completa a la palabra de Dios.
Sabemos que un oficial de policía en San Paulo, explicó a un
reportero del extranjero que torturaría también a Jesús
viviendo en su ciudad, porque seduce a la gente a obedecer a
Dios, pero no a los gobernantes, en muchos aspectos.
El camino de un cristiano de hoy, siguiendo a Jesús, no es
un camino de progreso y de alegría, sino en que el creyente
debe confesar como el profeta:
"Di mi cuerpo a los heridores y mis mejillas a los que me
mesaban la barba, no escondí mi rostro de injurias y de
esputos."
Esto no es fácil. La tentación es muy grande a cambiarnos
siempre de nuevo en desobedientes, andando un camino con
todas estas dificultades.
Pero hemos de saber que no somos totalmente bajo el terror
de los enemigos de Jesús.
El Padre en los cielos ha puesto un límite del odio de sus y
de nuestros enemigos. En el fin se pueden ver quien en
realidad tiene razón. En el fin de todos los padecimientos y
de la muerte, Jesucristo también se presentó como
triunfador.
Dios, el Señor, está al lado de los suyos y les ayuda y da
justicia y lleva su obra hasta la perfección, como
Jesucristo lo vivió.
Dios intervino en el momento en que los enemigos de Jesús
querían triunfar sobre El y le ayudó y le llevó del sepulcro
de la muerte hacia la luz de la vida como Rey y Señor. Vivió
Jesucristo esto como el primero, que Dios le glorificó,
entonces nosotros viviremos lo mismo, siendo obedientes,
también en padecimientos. Viviremos quien tiene la última
palabra sobre este mundo, ¿Jesús o sus enemgos? ¿La palabra
de Dios o las palabras humanas?