-2-Kirchenjahr bis Estomihi 44a
Lugar/Ort:Reffino

Fecha/Datum:23/02/1969
Otros Lugares/Weitere Predigtorte:
Paraná, 23-2-1969 -spanisch-
Camarero, 2-3-1969 -spanisch-
Aldea Protestante, 9-2-1969 -spanisch-
Diamante, 10-5-1969 -spanisch-
Reffino, 25-2-1973 -spanisch-
Meroú, 4-11-1973 -spanisch-
Camarero, 13-2-1972 -spanisch-
Aldea Protestante, 27-1-1974 -spanisch-
Aldea Protestante, 15-2-1975 -spanisch-
Camarero/Puiggari, 2-2-1975 -spanisch-
Grabschental, 9-2-1975 -spanisch-
Reffino, 2-3-1975 -spanisch-
Diamante, 8-3-1975 -spanisch-
Meroú, 6-7-1975 -spanisch-
Diamante, 22-1-1967 -deutsch-
Meroú, 29-1-1967 -deutsch-
Aldea Protestante, 5-3-1967 -deutsch-
Grabschental, 25-2-1969 -deutsch-
Aldea Protestante, 24-5-1969 -deutsch- Hausgottesdienst
Fischer
Camarero, 8-2-1970 -deutsch-
Reffino, 8-3-1970 -deutsch-
Año Eclesiástico/Kirchenjahr:Sexagesimae
Libro Bíblico/Buchbezeichnung:Lucas 8: 4 - 15 - Lukas 8, 4 - 15
Skopus: Jesucristo nos llama
-2-Kirchenjahr bis Estomihi 44a - Lucas 8: 4 - 15
"Juntándose una gran multitud, y los que de cada ciudad
venían a Jesús: les dijo por parábola: El sembrador salió a
sembrar su semilla; y mientras sembraba, una parte cayó
junto al camino, y fue hollada, y las aves del cielo la
comieron. Otra parte cayó sobre la piedra; y nacida, se
secó, porque no tenía humedad. Otra parte cayó entre
espinos, y los espinos que nacieron juntamente con ella, la
ahogaron. Y otra parte cayó en buena tierra, y nació y llevó
fruto a ciento por uno. Hablando estas cosas, decía a gran
voz: El que tiene oídos para oír, oiga. Y sus discípulos le
preghuntaron, diciendo: ¿Qué significa esta parábola? Y él
dijo: A vosotros es dado conocer los misterios del reino de
Dios; pero a los otros por parábolas, para que viendo no
vean, y oyendo no entiendan. Esta es, pues, la parábola: La
semilla es la palabra de Dios. Y los de junto al camino son
los que oyen, y luego viene el diablo y quita de su corazón
la palabra, para que no crean y se salven. Los de sobre la
piedra son los que habiéndo oído, reciben la palabra con
gozo; pero éstos no tienen raíces; creen por algún tiempo, y
en el tiempo de la prueba se apartan. La que cayó entre
espinos, éstos son los que oyen, pero yéndose, son ahogados
por los afanes y las riquezas y los placeres de la vida, y
no llevan fruto. Mas la que cayó en buena tierra, éstos son
los que con corazón bueno y recto retienen la palabra oída,
y dan fruto con perseverancia."

Todos nosotros ya hemos leído o escuchado esta parábola de
los cuatro campos diferentes o, como se dicen también, la
del sembrador.
Para nosotros, estos versículos son muy interesante, porque
describen nuestra situación de campesinos. Año por año se
siembra y se espera una cosecha buena. Pero ya de los
tiempos antiguos hasta hoy, dificultades innumerables han
impedido uma buena cosecha.
En Palestina del tiempo de Jesús, en muchos casos son
pisoteadas las semillas o también comidas por las aves,
porque por sembrar antes de arar, no se diferenciaron los
campos buenos de los con piedras o sendas o yuyos.
Enumerando las dificultades de nuestra zona que impiden una
cosecha buena, hemos de hablar de pocas lluvias o plagas
varias o dificultades en el mercado internacional o de
problemas políticos nacionales.
Pero Jesucristo claramente no quiere contarnos por esta
parábola una realidad del campo o del campesino, sino la del
Reino de Dios y su explicación.
¿Qué realidad?
Por el Senor, la Palabra de Dios es predicada, esperando su
aceptación por nosotros, la aceptación de la invitación
siguiente:
Andar el camino de nuestra salvación, obrada por padecer y
morir de Jesucristo. Ser fieles miembros de la Iglesia
Cristiana con su centro: Jesucristo.
El que acepta su palabra y le sigue, es miembro del Reino de
Dios, de la Iglesia Cristiana.
Ya hace siglos, el señor dijo a personas:
"¡Sígueme!"
Lo mismo se escucha también hoy oyendo el Evangelio por
predicaciones.
El Cambiador de todas las cosas, llama a sí personas y
espera que le sigan. La predicación del Evangelio tiene un
único destino, a hacernos a discípulos de Jesucristpo, a
ciudadanos del Reino de Dios, a miembros fieles de la
Iglesia Cristiana, a ser humanos verdaderas.
Para esto no es importante sensiblería, sentimiento,
tristeza o tradición, sino únicamente el llamado a una
realación personal con Jesucristo, representante del Reino
de Dios. Siempre, escuchando la Palabra de Dsios, el Señor
está presente y nos llama:
"¡Sígueme, sé mi discípulo!"
En todas estas realidades piensa la parábola, hablando de
"semillas":
"La semilla es la Palabra de Diso,"
dice nuestro texto.
Dice también que con esta palabra se tienen las mismas
experiencias como con las semillas, algunas llevan fruto,
pero otras no. Algunas personas seguirán al Señor por su
llamado:
"¡Sígueme!",
pero otras no.
Existen muchos motivos para poder no aceptar este llamado,
talvez los mismos como en el texto, talvez también otros.
Nuestra propiedad y dinero o nuestra pobreza, pueden ponerse
contra nuestra aceptación, talvez nuestra confianza en
realidades de este mundo, pero también nuestra desconfianza
en Jesucristo y su reino y su llamado.
Talvez nuestra pereza o avaricia o astucia o tontería pueden
impedir la aceptación de la palabra:
"¡Sígueme!"
para ser cristianos verdaderos. Sí, se debe decir ya:
Hallamos tantos muchos motivos contra la aceptación que me
parece casi imposible aceptar el llamado de seguir al Señor.
Pero en el fin de nuestro texto lleemos así:
"Pero la semilla que cayó en buena tierra son las personas
que con corazón bueno y dispuesto escuchan y hacen caso del
mensaje y, siguiendo fieles, dan una buena cosecha."
La realidad que tenemos miembros en nuestra congregación,
viviendo en una relación personal con Jesucristo, para mí es
un milagro de Dios. La vida dura y nuestras debilidades
normalmente se ponen contra la aceptación de ser un
discípulo fiel de nuestro Señor. Sin un milagro de Dios,
ninguna persona supera su debilidad o su apatía a favor de
una colaboración dentro de una congregación o de una iglesia
o de la cristiandad mundial, tampoco su resistencia a la
vida en una relación personal con Jesucristo.
Pero damos gracias y alabanza a Dios que este milagro
todavía se realiza todos los días, también hoy, también
entre nosotros.
Nuestro texto nos dice que cuenta con la aceptación del
llamado de Jesucristo:
"¡Sígueme!"
y que cuenta con personas, preguntando al Señor:
"Señor.¿qué quieres que yo haga?"
¿Nosotros, ustedes y yo, somos señales de esta aceptación
del llamado de Jesucristo?