-2-Kirchenjahr bis Estomihi 38
Lugar/Ort:Diamante

Fecha/Datum:10/02/1979
Otros Lugares/Weitere Predigtorte:
Camarero/Puiggari, 13-2-1979 -spanisch-
Camarero/Puiggari, 21-3-1982 -spanisch-
Meroú, 18-2-1982 -spanisch-
Grabschental, 25-3-1979 -spanisch-
Aldea Protestante, 3-2-1980 -spanisch-
Reffino,, 17-2-1980 - spanisch-
Deutsch noch nicht gepredigt
Año Eclesiástico/Kirchenjahr:Septuagesimae
Libro Bíblico/Buchbezeichnung:Mateo: 1 - 16a - Matthäus 20, 1 - 16
Skopus: Dios actua en otra forma que nosotros
-2-Kirchenjahr bis Estomihi 38 - Mateo 20, 1 - 16a
"Porque el reino de los cielos es semejante a un hombre,
padre de la familia, que salió por la mañana a contratar
obreros para su viña. Y habiendo convenido con los obreros
en un denario al día, los envió a su viña. Saliendo cerca de
la hora tercera del día, vio a otros que estaban en la plaza
desocupadas; y les dijo: Id también vosotros a mi viña, y os
daré lo que que sea justo. Y ellos fueron. Salió otra vez
cerca de las horas sexta y novena, e hizo lo mismo. Y
saliendo cerca de la hora undécima, halló a otros que
estaban desocupados; y les dijo: ¿Por qué estais aquí todo
el día desocupados? Le dijeron: Porque nadie nos ha
contratado. El les dijo: Id también vosotros a la viña, y
recibiréis lo que sea justo. Cuando llegó la noche, el señor
de la vida dijo a su mayordomo: Llama a los obreros y
págales el jornal, comenzando desde los postreros hasta los
primeros. Y al venir los que habían ido cerca de la hora
undécima, recibieron cada uno un denario. Al venir también
los primeros, pensaron que habian de recibir más; pero
también ellos recibieron cada uno un denario. Y al
recibirlo, murmuraban contra el padre de la familia,
diciendo: Estos postreros han trabajado una sola hora, y los
ha hecho iguales a nosotros, que hemos soportado la carga y
el calor del día. El, respondiendo, dijo a uno de ellos:
Amigo, no te hago agravio; ¿no conviniste conmigo en un
denario? Toma lo que es tuyo, y vete; pero quiero dar a este
postrero, como a ti. ¿No me es lícito hacer lo que quiero
con lo mío? ¿O tienes tú envidia, porque yo soy bueno? Así,
los primeros serán postreros, y los postreros, primeros."

Esta parábola de los trabajadores en la viña es, también con
los hechos sacados de la vida diaria, absurda, contra la
razón humana y contra todas las experiencias.
Primeramente queremos resumir esta parábola.
Un dueño de una viña necesita urgentemente trabajadores. Y
en la madrugada va a la plaza , donde trabajadores buscan
changas. Hallo algunos, arreglandose con ellos para pagarles
su sueldo que es 1 denario de plata, un sueldo muy bueno
para un jornalero en el tiempo antiguo. En el curso del día
se repite esto algunas veces hasta una hora antes del fin
del día de trabajo. Y siempre lo mismo:
"Vayan también ustedes a trabajar en mi terreno, y les dará
lo que sea justo."
Todo lo que se realizó hasta ahora es normal, pero lo que
sigue es incomprensible:
"Cuando llegó la noche, el dueño dijo al encargado del
trabajo: LLama a los trabajaadores y dales su pago,
comenzando por los que entraron al último y terminando por
los que entraron primero. Cada uno recibió el pago completo
de un denario."
Esto significa que el patrón paga un denario, pago justo
para un día de trabajo de ocho horas, a todos los
trabajadores, también a los que han trabajado menos hasta
solamente una hora.
Hemos dicho ya que esta actitud del patrón no es normal, más
normal sería entre nosotros que un patrón paga al trabajador
que obró 8 horas solamente para 1 horas, lamentablemente.
Entendible ahora es que los trabajadores murmuran y
protestan:
"Éstos que vinieron al último, trabajaron solamente una
hora, y les has pagado igual que a nosotros que aguantamos
el trabajo y el calor del día entero."
Así como el propietario de la viña no se actúa ninguno entre
nosotros, ningún patrón, tampoco acepta un trabajador tal
actuar de un patrón.
Por el principio de nuestro texto tenemos la llave para
entender esta parábola:
"El reino de los cielos es como el dueño de una finca que
salió temprano en la mañana a contratar trabajadores para su
cosecha de uva."
Esta parábola describe una realidad del reino de Dios,
diciéndonos como Dios actúa a nosotros, como El actúa a
nosotros en su amor.
Su hacer a favor de nosotros está contra la convivencia
entre los seres humanos. El amor y la ayuda de Dios a
nosotros exceden todas nuestras ideas y conceptos. Esto es
lo que Jesucristo quiere decirnos por esta parábola, pero
también expresa lo otro:
¿Quién de nosotros podrá decir ante Dios:
He hecho todas las cosas que mandas en mi vida, por mi
obediencia y por mi guardar de todos los mandamientos.
Lo que el jóven rico confesó:
"Todo esto lo he cumplido desde niño; ¿qué más me falta?"
es una única mentira.
Ninguno puede decir:
Yo merezco tu aceptación y tu amor y tu salvación.
Nuestra realidad corresponde al actuar del cobrador en el
templo:
"¡Oh Dios, ten compasión de mí, que soy pecador!"
Pero mayor peligro hay, cuando personas quieren ser más que
los otros, atacando a Dios por su gran amor a todos los
hombres. Escucharán la pregunta:
"¿Es que te da envidia que yo soy bondadoso?"
Hemos de decir más:
El que quiere permanecer en su actitud, ganar la entrada en
el reino de Dios por ejercicios de piedad, perdió ya la
llave para este reino.
Esto dice la palabra:
"Así, pues, los que son los últimos van a ser los primeros,
y los que son los primeros van a ser los últimos."
Jesús, predicando esta parábola, pensó en los píos de su
tiempo, atacado por los superiores, escribas y fariseos,
porque tenía contactos con personas malas, ayudándoles y
perdonándoles su culpa. A estos píos y superiores dijo:
"¿Es que te da enviadia que yo sea bondadoso?"
Entonces Jesús piensa en lo que la ayuda de Dios tiene
validez no solamente para su pueblo, para el pueblo de
Israel, sino para todos los hombres, también para los
paganos.
Pero el pueblo de Israel era tan orgullosos de su Moíses, de
la ley de Dios y de la capacidad de cumplir perfectamente
todo esto y con esto de ganar la salvación por sus propias
fuerzas que no comprenden y tampoco aceptan que el amor de
Dios también tiene validez para los que no pueden presentar
obras pías.
Ya en el tiempo de la Reforma, Martín Lutero luchó contra la
Iglesia Católica Romana por los mismos problemas, de que
nuestra parábola es caracterizada.
Tampoco hoy no hemos de olvidar que el amor de Dios, que su
salvación en Jesucristo, no tiene validez solamente para
algunos pocos cristianos que piensan a ser cristianos
perfectos, menospreciando a los extraños, los enfermos, los
prisioneros, los malhechores, los negros y otros, sino el
amor de Dios sale también para todos los hombres. Sería un
milagro, cuando entendemos que tampoco nosotros podemos
presentar obras grandes y píos, sino que también nosotros
dependemos únicamente del amor de Dios y de su ayuda en
Jesucristo.
Esto es nuestra felicidad, como indica nuestra parábola, que
Dios actúa en otra forma que nosotros normalmente actuamos.