La Iglesia: entre la apertura y la esquizofrenia.
Dialog 154
Lugar/Ort:Revista Parroquial
Fecha/Datum:1992
Resumen/Skopus: Un diálogo al terminar mi 75 anos de mi vida.


Rev. Parroquial Junio 1992

"La Iglesia: Entre la apertura y la esquizofrenia"

El 21 de junio el pastor emérito Karl Schwittay cumple 75 años de
edad. Nació en Gelsenkirchen, Alemania. Inició sus estudios de
teología en el seminario misionero en Wuppertal, pero al año
siguiente (1940) fue incorporado al servicio militar que continuó
durante la guerra, resultando prisionero en Rusia desde mayo de
1945 a julio de 1947. Luego retomó sus estudios de teología en el
mismo seminario graduándose en octubre de 1951. Un mes más tarde
(19-11-1951) se casó con Esther Meier, nacida en Alemania el 27 de
febrero de 1926. A continuación, y hasta febrero de 1955, fue
misionero y predicador en Buer-Hassel y Wattenscheid-Höntrop. El
viaje a la Argentina le insumió parte de los meses de marzo y
abril de 1955. Desde mayo de ese año y hasta junio de 1982 ocupó
el cargo pastoral de la Congregación Evangélica Alemana de General
Alvear en Aldea Protestante, Entre Ríos, finalizando con su
jubilación. Desde entonces vive con su esposa en Ituzaingó,
provincia de Buenos Aires.
Su cumpleaños y su trabajo en la iglesia como coordinador de la
Comisión de Ecumenismo, nos motivaron a preguntarle qué cosas
continúan iguales y cuáles han cambiado en nuestra iglesia desde
que él vino a la Argentina. Nos dijo:
"Veo el esfuerzo por la proclamación y la ejercitación del
Evangelio de Jesucristo, entendidas como la ayuda en el
desenvolvimiento de la vida que es creación de Dios en todas sus
manifestaciones, como el hilo conductor que pasa por la historia
de nuestra iglesia y de nuestras congregaciones desde el principio
hasta hoy. Ahora que la iglesia está preparando un nuevo Sínodo,
todo esto vuelve a salir una vez más a la luz.
"Lo dicho hasta aquí no significa que en el tiempo señalado no
hayan cambiado muchas cosas, especialmente aquellas que tienen que
ver con cómo se percibe el Evangelio y con qué responsabilidad se
lo ejercita. El cambio principal radica en que nos hemos abierto
cada vez más y nos integrarnos en el mundo circundante en el que
vivimos. Este proceso todavía no terminó y no vale solamente para
lo idiomático, sino también para la consideración incluso de los
asuntos políticos, estatales y ecuménicos. Por un lado, no tuvimos
otra alternativa, pero por el otro lado, también nos sentimos
llamados a la apertura porque antes sólo podíamos cumplir
parcialmente nuestro deber de ser testigos del Evangelio.
"Sin la apertura no hubiera sido posible tener hoy tantos
servidores que se capacitaron en nuestra propia región y que al
mismo tiempo son hijos e hijas de miembros de nuestras
congregaciones. En 1955 cuando llegué, fui el pastor número
dieciséis. Hoy tenemos casi cien. Esto naturalmente trajo una
intensificación de todo el trabajo con el surgimiento de múltiples
obras de servicios. Hubieran podido correr una suerte muy distinta
los muchos miembros de nuestra iglesia que emigraron del campo a
las ciudades. A pesar de esos muchos que se perdieron, surgieron
nuevas comunidades. Tampoco tenemos plena conciencia de cómo esta
expansión repercutió en el aumento del trabajo de la Junta
Directiva central de la iglesia.
"Por la apertura vemos hoy con ojos muy distintos todas las cosas
que nos van ocurriendo en la realidad de nuestros países. Antes
hubiera sido imposible que la iglesia diera una declaración en
casos como, por ejemplo, el atentado a la embajada de Israel en
Buenos Aires; o que nuestra iglesia recomiende al Gobierno que no
se olvide de su obligación para con los más desposeídos. Una de
nuestras congregaciones del interior logró que la municipalidad de
la ciudad solicitara al Parlamento Nacional Argentino que, en caso
de reformarse la Constitución Nacional, se elimine la cláusula
sobre la confesión católica-romana del presidente de la Nación.
"También tiene que ver con la apertura el hecho de que las mujeres
tienen acceso a los ministerios de la iglesia y que matrimonios de
pastores sean llamados al ministerio pastoral. Antes, con los
pastores traídos de Alemania, si alguno llegaba a tener problemas
como por ejemplo matrimoniales, se lo enviaba de regreso. Hoy
nuestra iglesia tiene que encontrar soluciones para estos
problemas, porque la mayoría de los pastores y las pastoras son de
aquí.
También quiero mencionar que aquellas congregaciones en las que no
se produjo esa apertura o que solamente se hicieron titubeos,
están hoy ante el fenómeno de que más de una generación adquirió
una mentalidad esquizofrénica que, por un lado, se encuentra
compenetrada en la vida de los países del Plata especialmente por
el surgimiento de las nuevas familias y, por el otro lado,
practica su fe muy lejos de ese mundo en un idioma distinto.
Muchos viejos y fieles miembros reconocen que por esa actitud sus
propios hijos no encontraron la vinculación con la iglesia. Para
mucha gente la apertura llegó o está llegando demasiado tarde."
Considerando que la mayoría de los pastores alemanes volvieron a
Alemania, le preguntamos al pastor Schwittay por qué él no lo
hizo.
"En el momento de jubilarme tuvimos que decidir con mi esposa si
volvíamos a Alemania o no. A pesar de los afectos allí y acá, fue
relativamente fácil resolver: tenemos tres hijos y una hija
enraizados aquí que no hubieran aceptado el cambio de radicación.
Hasta ahora no nos arrepentimos por habernos quedado cerca de
nuestros hijos."
-¿Le gustaría decirle algo especialmente a los lectores de la
Revista Parroquial?
-"Me gustaría que nuestras congregaciones, especialmente las del
Gran Buenos Aires, se ocupen de los más pobres y encuentren
soluciones para que los miembros más desposeídos y los de mayor
edad puedan continuar participando en los cultos. Conozco a
jubilados que no siempre tienen dinero para el tren o el colectivo
para concurrir al culto en el templo. ¿Se podrá disponer, quizás
entre varias parroquias, de por ejemplo un transporte para ir a
buscar a esa gente? La otra pregunta que me pesa en el corazón es,
¿cuánta gente ya no pertenece oficialmente a nuestras
congregaciones, simplemente porque no puede pagar la cuota de
miembro? ¿Será posible que los lectores de la Revista Parroquial
puedan hacer algo?"

Diálogo entre P. Bruno Knoblauch y Pastor Carlos Schwittay.