UNIDAD en la diversidad reconciliado
Documento 140
Lugar/Ort:Faltblatt
Fecha/Datum:1988
Resumen/Skopus: Editado por nuestra Iglesia como folleto, 26-11-1988.


Unidad en la diversidad reconciliada

(Reflexión teológica a propósito del documento "Reconocimiento
recíproco del Ministerio Ordenado", atendiendo también a su
importancia para el trabajo del Consejo para la Misión Conjunta,
por Carlos Schwittay, coordinador de la Comisión de Ecumenismo de
la Iglesia Evangélica del Río de la Plata.)

Desde hace más o menos 35 años ha tenido lugar un cambio radical
en las relaciones entre las iglesias evangélicas del Río de la
Plata. Partiendo de un conocimiento apático entre nuestras
iglesias, se desarrollaron relaciones de amplia ayuda mutua, de
amor recíproco y profundo, de colaboración intensa en muchos
proyectos y tareas. Surgió así, de una manera nueva, la pregunta
acerca de la iglesia única y verdadera en nuestro ámbito, y acerca
de nuestra responsabilidad para alcanzar esa meta.
Una de las causas del cambio de actitud de las iglesias fue el
hecho de que las iglesias de inmigración, y también las de misión,
comenzaron a separarse de sus iglesias de origen. Querían ser
iglesias autónomas, iglesias en la Argentina o en el ámbito del
Río de la Plata. Más tarde, estas nuevas iglesias autónomas
crearon, después de realizar experiencias con dos facultades de
teología, una única institución evangélica de educación teológica
(ISEDET). Gracias a la colaboración en ésta, los representantes de
las diferentes iglesias llegaron a conocerse. Y de la misma
manera, las iglesias recibieron pastores que se conocían ya desde
sus estudios teológicos y que habían tenido la oportunidad de
mantener contactos personales. Esta situación favoreció una
colaboración estrecha en todas las áreas de la vida eclesiástica
-por ejemplo en educación, en trabajos sociales, en publicaciones,
en iniciativas misioneras como la Junta Unida de Misión, y en
otras-, también contribuyó al acercamiento en el trabajo
congregacional.
Un progreso muy intenso en este campo se realizó durante la época
de la cruel y terrible dictadura militar en la Argentina (y en el
Uruguay). Uno de los resultados es el Consejo Consultivo de
Iglesias, integrado por los presidentes de las iglesias que
participan conjuntamente en el ISEDET, y también por el de la
Asociación La Iglesia de Dios, que es miembro del Consejo Mundial
de Iglesias.
Un desarrollo semejante podemos ver en América Latina con la
fundación del Consejo Latinoamericano de Iglesias, una
organización de las iglesias evangélicas de este continente. A lo
largo de todo este proceso, ejercieron mucha influencia a favor de
la unidad los esfuerzos del Consejo Mundial de Iglesias.
Como resultado, hemos aprendido a nos conocemos mejor; igualmente
hemos aprendido a diferenciar lo que ya hoy nos une de lo que
todavía nos separa en el camino hacia la formación de una única
iglesia evangélica en nuestro ámbito.
La unidad orgánica
En estos intentos por avanzar hacia la unidad de las iglesias
evangélicas conocemos distintos caminos. Uno es el de la unidad
orgánica. Este camino se caracteriza por los esfuerzos para que
iglesias y comunidades de confesiones diferentes en un lugar, en
una provincia o en un país, constituyan una nueva iglesia.
La "Segunda consulta para la unión de iglesias", realizada en
Limuru, 1970, señaló las condiciones necesarias para la unidad
orgánica:
1. Un fundamento de fe para la nueva iglesia.
2. Un nombre para esta iglesia.
3. La responsabilidad obligatoria para todos los participantes de
luchar por la nueva unidad.
4. La voluntad de renunciar a su anterior identidad, y también a
su confesión.
5. Tomar todas las decisiones en común.
6. Cumplir conjuntamente, según la situación, las tareas
misioneras y diaconales.
Esta comprensión de la unidad orgánica cambió en algunos casos
concretos. Se sostuvo, por ejemplo, que la unidad no se realiza
por la aceptación de un fundamento escrito de la fe, ni tampoco
por firmar una confesión, sino fundamentalmente por cumplir las
tareas que Jesucristo, el Señor de la Iglesia, nos confió;
fundamentos de fe o confesiones comunes escritas deben ser
reservadas para el futuro, porque no son muy importantes.
Entre nosotros trataron de seguir esta variante tres Iglesias: la
Iglesia Evangélica Metodista Argentina, la Iglesia Evangélica
Valdense del Río de la Plata y la Iglesia Discípulos de Cristo.
Sin embargo, fracasaron. No es posible formar una nueva iglesia
sin conocer o sin aceptar comúnmente los más importantes puntos de
la fe cristiana, inclusive su práctica, a pesar de todas las
tradiciones y costumbres. Ayudamos mutuamente, practicar la
hermandad entre iglesias diferentes, dar conjuntamente algunos
pasos, son acciones que no nos llevan automáticamente a la unidad;
deben ser siempre acompañadas, desde el principio, por los
esfuerzos para lograr una plataforma común de fe entre nuestras
diferentes iglesias, con nuestras tradiciones, tal vez opuestas o
contradictorias. La sola voluntad no basta para formar una nueva
iglesia; también es necesario preguntarnos si vivimos
verdaderamente, ya hoy, en una comunión eclesiástica plena.
La diversidad reconciliada
Otro camino hacia la unidad de las iglesias es el de la unidad en
la diversidad reconciliada. Este consiste en que las iglesias
lleguen, después de estudios conjuntos, a reconocer por una parte
las mutuas diferencias, y por la otra que en las más importantes
expresiones de la fe, en la comprensión del Evangelio, del
ministerio ordenado y de los sacramentos, y en las cuestiones de
obediencia al Señor, están unidas, lo que les permite declarar la
comunión eclesial entre las iglesias participantes.
En este camino no se piensa necesariamente desde el principio en
una unidad orgánica, aunque ésta puede ser una perspectiva para el
futuro. Pero por esta vía las iglesias se obligan a buscar
intensamente el contacto en hermandad, la colaboración en las
tareas que nos confió nuestro Señor, sin renunciar a sus
particularidades y tradiciones. De esta manera queda abierta la
posibilidad de la unidad orgánica, porque las iglesias
participantes actúan ya hoy como la única iglesia y pueden esperar
concretamente el milagro de la unidad orgánica mañana o en un
futuro cercano, sabiendo que esta unidad es la obra del Señor.
Este camino de la unidad en la diversidad reconciliada es el de la
Concordia de Leuenberg, que fue firmada por casi todas las
iglesias luteranas, reformadas, unidas, valdenses y hermanas
bohemias en Europa, y que también fue aceptada por tres Iglesias
evangélicas de nuestro medio: Valdense del Río de la Plata,
Luterana Unida, y nuestra Iglesia.
Cuando fracasaron los esfuerzos por lograr la unidad orgánica,
comenzaron, sugeridos por la Iglesia Valdense, los estudios para
ensayar el camino de la unidad en la diversidad reconciliada con
representantes de las iglesias participantes en el ISEDET.
Aceptando que la búsqueda de la unidad orgánica solamente puede
desarrollarse sobre un entendimiento común de la fe y una comunión
eclesiástica plena, estas iglesias trataron de dar los primeros
pasos hacia la comunión eclesiástica. Fue así como constataron que
la plataforma común de la fe les daba la posibilidad de un
"reconocimiento mutuo del ministerio ordenado". Por lo tanto, el
15 de octubre de 1988, en un culto público, las autoridades de las
Iglesias Evangélica Valdense del Río de la Plata, Evangélica
Metodista Argentina, Evangélica Metodista Uruguaya, Reformada
Argentina, Discípulos de Cristo y Evangélica del Río de la Plata,
firmaron un documento de Reconocimiento Recíproco del Ministerio
Ordenado.
Reconocimiento del ministerio
Los estudios realizados hace algunos años por la Comisión
Ecuménica de Ministerios, permitieron comprobar que este grupo de
iglesias tenemos un fundamento suficientemente amplio de fe en
común, Incluso en cuanto a confesiones y doctrinas, como para
poder reconocer mutuamente el ministerio ordenado. El documento de
reconocimiento recíproco es un progreso importante en el camino
hacia la unidad, hacia la comunión plena, y abre muchas
posibilidades de una colaboración más estrecha.
El documento caracteriza así nuestra fe en común:
1. Cada iglesia se reconoce a sí misma como Iglesia de Jesucristo.
2. Nuestras confesiones se enmarcan en las doctrinas cristológicas
trinitarias de la antigua Iglesia cristiana.
3. Cada una de nuestras iglesias procura hacer, con la ayuda de
Dios, lo que corresponde a una Iglesia de Cristo en cuanto a la
Palabra de Dios y a los Sacramentos.
4. Toda persona bautizada es parte de la Iglesia Universal, y, por
lo tanto, se acepta la realidad de Cristo en otro grupo compuesto
por bautizados. (Esto es importante, porque entre las iglesias que
han firmado hay una que hasta hoy bautizó solamente a creyentes
adultos. Para otra iglesia que participó en los estudios, el punto
no fue suficientemente explícito y por eso no pudo firmar este
documento.)
5. El ministerio ordenado en cada iglesia tiene validez para ella
misma. Esto quedaba implícitamente afirmado en nuestra cooperación
ecuménica, tanto en el pasado como en el presente. En cada iglesia
el ministro ordenado tiene la misma importancia y tarea:
a) la proclamación de la Palabra de Dios;
b) la administración de los sacramentos. Obviamente, esto se
realiza de acuerdo a la propia tradición.
6. Lo que se expresa en el punto anterior es el presupuesto que en
el pasado permitía que los ministros ordenados de las diferentes
iglesias pudieran colaborar conjuntamente en los trabajos y
proyectos ecuménicos.
7. Nuestras iglesias también confiesan que Dios, Padre, Hijo y
Espíritu Santo, llama a su pueblo por el Evangelio, en el cual se
nos anuncia la voluntad salvífica del Señor. Esta voluntad, que es
universal, se expresa en formas diferentes y, por lo tanto,
trasciende nuestras respectivas tradiciones eclesiásticas.
Las iglesias firmantes de este documento están convencidas de que
estas expresiones bastan para dar oficialmente los primeros pasos
hacia la comunión eclesiástica plena entre ellas, mediante el
reconocimiento mutuo de sus servicios pastorales por ordenados.
Hemos elaborado y afirmado lo que verdaderamente ya antes existía
entre nuestras iglesias. El "reconocimiento recíproco del
ministerio ordenado" significa dar los primeros pasos hacia una
comunión plena. Pero para declarar esta comunión plena falta aún
la comprensión común del Evangelio y de los sacramentos. No se
trata de que no exista entre nuestras iglesias esta comprensión
común, sino solamente de que esta realidad aún no fue comprobada
oficialmente. ¿Nos falta el ánimo para marchar más adelante?
Lo que hemos firmado significa también que "en el caso de un
eventual llamado a uno de nuestros pastores para cumplir su
ministerio en otra iglesia, la misma no le exigirá una nueva
ordenación".
Igualmente, hemos de saber que "este reconocimiento no resuelve ni
legisla en cuanto a los asuntos contractuales, normas
reglamentarias, énfasis doctrinales, etc., que cada iglesia
demandará de aquel ministro que eventualmente sea llamado a
ejercer el ministerio en otra iglesia hermana. Dichos intercambios
se harán siempre en consulta y acuerdo previos con las partes
involucradas, de modo que las experiencias que puedan darse en el
futuro sirvan para acercar a los cuerpos eclesiásticos
participantes y abran siempre las posibilidades a colaboraciones
mayores en otros campos de nuestra misión común".
Naturalmente, también otras iglesias están invitadas a firmar este
documento de reconocimiento.
La misión conjunta
El trabajo del Consejo para la Misión Conjunta (CMC) en
Resistencia y alrededores, provincia del Chaco, surgió motivado
por varias causas: por un lado, las acciones de ayuda a sectores
carenciados de la población después de una inundación
catastrófica; también las necesidades de ciertos grupos en y
alrededor de la ciudad, los cuales habían perdido el contacto con
su propia iglesia; y, además, una congregación de la Iglesia
Discípulos de Cristo en el centro de Resistencia, que estaba en
una profunda crisis, de la que no veía salida. En esta situación,
la Iglesia de los Discípulos ofreció su centro congregacional, con
los miembros aún existentes de su comunidad, para comenzar un
trabajo ecuménico nuevo, de misión y diaconía. Un grupo de
iglesias (Reformada Argentina, Evangélica Metodista Argentina,
Asociación La Iglesia de Dios, y nuestra iglesia) aceptó la
invitación a colaborar. Al nuevo proyecto se le dio el nombre de
Consejo para la Misión Conjunta.
El pastor Rodolfo Reinich, presidente de nuestra iglesia, escribió
el 26 de mayo de 1987 acerca del CMC: "Reafirmamos nuestra
disposición de dar pasos concretos en la consolidación de este
proyecto ecuménico misionero y diaconal, en forma conjunta con las
iglesias evangélicas hermanas participantes".
El Consejo Directivo del CMC envió al centro congregacional de
Resistencia, ofrecido por la Iglesia de los Discípulos, al pastor
Claudio Pose (metodista) con su señora esposa, también pastora (de
nuestra iglesia); y nuestra iglesia al pastor Jerónimo Granados,
responsable del trabajo ecuménico con los estudiantes
universitarios.
El CMC limitó su tarea hasta hoy a estos trabajos: el del centro
de Resistencia y entre los estudiantes; sin olvidar la idea
inicial de una única comunidad en y alrededor de Resistencia, con
congregaciones de las Iglesias Discípulos de Cristo, Evangélica
Luterana Unida, Asociación La Iglesia de Dios, y otros grupos
pentecostales. La visión de una Iglesia Evangélica Unida del
Chaco, integrada con las congregaciones reformadas, de discípulos,
valdenses, metodistas, luteranas, evangélicas del Río de la Plata,
de la Asociación La Iglesia de Dios y de otras iglesias
pentecostales, y también con la obra de la Junta Unida de Misión,
existe y está presente.
Resulta claro que seria más fácil una colaboración entre las
iglesias mencionadas en el proyecto Resistencia con las restantes
iglesias presentes en el Chaco, si no se piensa ya desde el
principio en la unidad, sino solamente en la colaboración y el
apoyo mutuo: "iglesias ayudan a iglesias".
Según mi opinión, y teniendo en cuenta los diferentes caminos
enumerados antes, la realización de esta unidad no será posible
por el camino de la unidad orgánica; ni por el de negar las
diferencias profundas; ni únicamente mediante una colaboración
estrecha; ni tampoco por la elaboración de una plataforma común de
la fe que integre todas las particularidades y que dé la
posibilidad de una comunión eclesial total, pero que deba ser
aceptada desde el principio por todos los miembros y grupos
participantes. Pero tal vez pueda ser útil el camino de la unidad
en la diversidad reconciliado, del cual son exponentes el
documento de Reconocimiento Recíproco del Ministerio Ordenado y la
Concordia de Leuenberg.
En este camino, es necesario que toda aproximación a la unidad en
las diferentes áreas y tareas esté acompañada por esfuerzos
orientados a lograr una comprensión común del Evangelio, de los
Sacramentos y del Ministerio Ordenado. Estos tres puntos son los
más importantes para la formación de una iglesia unida; son el
fundamento necesario para la unidad.
Se pueden dejar de lado, en los primeros tiempos, todas las
expresiones particulares de fe de las iglesias originales, con sus
tradiciones y costumbres. Sabemos que la aceptación del otro en
este terreno es muy difícil para los miembros de los grupos,
congregaciones e iglesias participantes. Por eso es necesario que
pase un tiempo muy largo, durante el cual los miembros
participantes puedan conocerse mejor y comprenderse más
profundamente en todos los aspectos. Para ello son provechosos los
encuentros entre los diferentes grupos y congregaciones. ¡Cuántas
dificultades debe superar un pentecostal para comprender y aceptar
la vida congregacional y personal en nuestras Iglesias
tradicionales! Lo mismo vale para un cristiano de nuestras
iglesias cuando trata de comprender un culto pentecostal.
Necesitamos en cada caso mucha paciencia, la fuerza del Espíritu
Santo y la fe que cree en milagros.

Jesucristo dice: "Les doy este mandamiento nuevo: Que se amen los
unos a los otros. Así como yo los amo a ustedes, así deben amarse
ustedes los unos a los otros" (Juan 13,34).

Carlos Schwittay
El 26.11.1988 editado como folleto de la Iglesia Evangélica del
Río de la Plata.