Iglesia en camino
Artículo 118
Lugar/Ort:Revista Parroquial
Fecha/Datum:1985
Resumen/Skopus: Veröffentlicht im Gemeindeblatt Nr. 11/1985 und ist identisch mit KIRCHE AUF DEM WEG.


Iglesia en Camino

Iglesia Evangélica del Río de La Plata - 1984

Congregación original

Lo que llevó a mediados del siglo pasado a formar la primera
congregación evangélica alemana en el Plata, más precisamente en
Buenos Aires, a la que siguieron varias otras en el transcurso de
las siguientes décadas, no se trataba exclusivamente y sólo de
aquello que, según el entendimiento de hoy, es la razón de ser de
una congregación cristiana. No se trataba solamente del Evangelio
de Jesucristo. También se trataba del mantenimiento de la cultura,
usos y costumbres; inclusive la conservación de la nacionalidad,
del idioma alemán. Todos estos valores, que en aquella cosmovisión
neoprotestante habían adquirido una cierta acepción de significado
religioso, fueron traídos por los inmigrantes de Europa y
brindaban cierta protección en un mundo percibido inicialmente
como ajeno y aun hostil. Estos valores también debían ser
mantenidos para los hijos. Por ello, con la creación de una
congregación generalmente se relacionaba también la creación de
una escuela alemana.
Desde el principio, las congregaciones nacidas así y las, que se
fueron creando, fueron ayudadas y acompañadas por la Iglesia
Evangélica de la Antigua Unión Prusiana, tanto financieramente
como mediante la provisión de pastores. También la ayuda ofrecida
por la Obra Gustavo Adolfo fue decisiva para el desarrollo de las
congregaciones.

Agrupamiento en "Sínodo"
En verdad, el sentimiento de pertenencia mutua a una unidad mayor
entre las congregaciones surgidas aquí se manifestó sólo
tenuemente. Aún a décadas después de la. creación del Sínodo
Evangélico Alemán del Río de la Plata en el año 1899 -que pudo
constituirse sólo después de, haberse superado enormes
dificultades- se pudo preguntar seriamente, si ese Sínodo podría
llegar a ser "iglesia" o si constituía únicamente una asociación
religiosa y cultural.
Mirando hacia atrás, podemos decir sin embargo, que en las
congregaciones del Sínodo Evangélico Alemán del Río de La Plata
que abarca los tres países: Argentina, Uruguay y Paraguay, se fue
imponiendo más y más lo más importante y central. El camino que
recorrimos nos fue llevando a ser iglesia.
La peligrosa vinculación entre Evangelio y nacionalidad, entre
idioma y cultura, fue una ayuda en las circunstancias especiales
de la inmigración, Para que europeos del mismo sentir se asociaran
en comunidades de correligionarios y no se sintieran perdidos en
un mundo muchas veces incomprendido, y mantuvieran su propia
identidad evangélica en un mundo de cuño católico.

El Sínodo Evangélico Alemán del Río de la Plata continuó después
de su creación, en la más estrecha vinculación con la Iglesia
Regional de Prusia; si, se percibía a si mismo como una parte de
aquella. Esto quedó expresado en su denominación de "Sínodo".

En los años siguientes se intensificó él trabajo parroquial y
surgieron muchas congregaciones nuevas.

Al estallar la primera guerra mundial, todo el Sínodo Evangélico
Alemán del Río de la Plata tuvo que soportar una prueba durísima.
Las relaciones de ayuda de la iglesia madre fueron interrumpidas.
La base financiera de muchas congregaciones, ahora sin ninguna
ayuda, fue asegurada a pesar de ello y se fortificó la
responsabilidad propia. La estrecha vinculación entre Evangelio y
nacionalidad condujo a una crisis seria. Debido a que en las
congregaciones se juntaban, cada vez más y más suizos,
rusoalemanes y alemanes de Besarábia con los inmigrados
directamente de Alemania, no pudo expandirse en forma generalizada
la euforia belicista a favor de Alemania. Cada grupo pensaba en
sus respectivas familias en los diferentes países de Europa que
estaban enfrentados como enemigos. De todos modos esto no condujo
a ninguna división.

Al poco tiempo de haber finalizado la guerra, fueron retomadas las
relaciones con la iglesia materna. Muchas congregaciones
aumentaron numéricamente y fueron creadas congregaciones nuevas
precisamente por la inmigración de aquellos que en la Alemania
empobrecida no veían posibilidades de existencia para sí y sus
hijos. Otra ola de inmigración se produjo cuando el
nacionalsocialismo se hizo cargo del gobierno en Alemania e
instituyó una ola de persecución a sus opositores y cuando los
políticamente indiferentes se sentían sometidos a presión. No fue
fácil para ellos incorporarse a nuestras congregaciones, en las
que de nuevo se escribían con mayúsculas las adhesiones al
desarrollo de Alemania, al fomento del folklore y nacionalismo
alemán, y donde se los enfrentaba con un entusiasmo generalizado
por el desarrollo de la vieja patria.

Esto fue propiciado por la Oficina, para las Relaciones Exteriores
de la recientemente creada Iglesia Evangélica Alemana, que pronto
tomó del Superior Consejo Eclesiástico de la Antigua Unión
Prusiana el deber de velar por la vinculación con las
congregaciones alemanas en el exterior. A esta oficina también
correspondía el suministro de pastores para esas congregaciones.
En la Iglesia Evangélica Alemana, el pastor cristiano-alemán
Ludovico Müller había sido elegido Obispo del Imperio, quien no
solamente propiciaba una síntesis de Evangelio y patriotismo

alemán, sino que subordinaba el Evangelio a la cosmovisión
nacionalsocialista.
La Oficina de Relaciones Exteriores demandó entonces de las
congregaciones en el Plata, en la medida que desearan seguir
siendo atendidas por ella, la afiliación formal a la Iglesia
Evangélica Alemana. Todas las congregaciones presentaron la
solicitud y la afiliación fue realizada.
El programa de la Oficina de Relaciones Exteriores decía, según
las palabras de su jefe, el obispo D. Heckel:
",La Oficina de Relaciones Exteriores no quiere ser otra cosa que
protectora, ayudadora, consejera y promotora en las
responsabilidades para con las iglesias evangélicas y el
patriotismo alemán".
Estas cosas impidieron conscientemente la discusión abierta,
amplia y tan necesaria acerca del único centro de nuestra fe
cristiana y de una iglesia evangélica, en base a la declaración
teológica de Barmen del año 1934. Esta significativa declaración
no fue mencionada en ningún lugar importante aquí en el Plata. La
falta de esa discusión es aún hoy un obstáculo para muchas
comisiones directivas y miembros de congregaciones, a pesar de la
actual situación totalmente distinta y con otros centros de
gravedad, para entender el camino de nuestra iglesia y adoptar
decisiones adecuadas. Esto se manifiesta por ejemplo en estas
semanas, en que la Comisión Directiva de una congregación se vio
forzada a eliminar las cruces esvásticas de la lápida de un
monumento en un cementerio debido a que habían originado enojos
manifiestos y un ataque a la congregación.
El nuevo ordenamiento de las relaciones con la Iglesia Evangélica
Alemana tuvo como consecuencia organizativa la profundización del
sentimiento de pertenencia mutua, como quedó establecido en el
nuevo estatuto sinodal aprobado el 29 de octubre de 1934. En él
queda acentuadamente manifiesta la propiciada dependencia para con
la Iglesia Evangélica Alemana. Pero fue saludable que en el
estatuto sinodal se haya tomado como base doctrinal casi palabra
por palabra el texto del estatuto de la Iglesia Evangélica
Alemana, que en Alemania dio la posibilidad jurídica a la Iglesia
Confesante a llevar a cabo la lucha eclesiástica contra el régimen
eclesiástico de los cristianos alemanes. Este texto decía:
"La base doctrinal compartida por las congregaciones del Sínodo
Evangélico Alemán del Río de la Plata es el 'Evangelio de
Jesucristo, como nos ha sido manifestado en la Sagradas Escrituras
y traído a la luz nuevamente por la Reforma".
Para nuestro Sínodo, esta formulación del fundamento doctrinal,
significaba un gran avance. En 1937 le siguió el "régimen para la
vida eclesiástica", que debía ser un "régimen para la vida y
costumbres" del Sínodo y sus congregaciones, en oposición al
Estatuto Sinodal que estaba destinado al público argentino. Aquí
en el régimen para la vida eclesiástica queda fuertemente asentada
la relación entre fe cristiana, patriotismo alemán, idioma y raza,
como por ejemplo, vemos, en el preámbulo:
"Es nuestro sagrado servicio a la Iglesia Evangélica Alemana,
servir con la palabra de Dios y atender eclesiásticamente a todos
los cristianos evangélicos de habla y sangre alemana en el país y
en el exterior. Así como cada alemán en el exterior pertenece a la
comunidad patriótica alemana, así cada cristiano evangélico alemán
fuera del Imperio Alemán está en la comunión de su Iglesia
Evangélica Alemana. La iglesia evangélica en los estados del Plata
es el Sínodo Evangélico Alemán del Río de la Plata.
Este, juntamente con sus congregaciones, sus comunidades filiales,
lugares de predicación y regiones de pastorado itinerante, es la
patria eclesiástica de todos los patriotas alemanes evangélicos en
estos estados".
Este régimen con ese prólogo, naturalmente no fue una ayuda, como
él mismo documento lo esperaba "para que nuestras muchas
congregaciones en nuestro Sínodo Evangélico Alemán del Río de La
Plata crezca hacia una iglesia fuerte y unida".
Un papel importante desempeñó en aquella época en la vida de la
iglesia la ocupación con Martín Lutero que, sin dejar pasar por
alto, debía ser el Lutero alemán.
Si bien á partir de 1939, a pesar de la segunda guerra mundial, la
vida congregacional transcurrió normalmente, fue surgiendo
paulatinamente una tendencia enemistosa hacia lo alemán, que llevó
a que en 1941 y 1942 no se llevara a cabo ninguna conferencia
pastoral plenaria. Las conferencias sinodales fueron sucesivamente
pospuestas. En 1942 se acusó al Sínodo de actividades
antiargentinas y se le exigió la limitación de su trabajo.

Hacia la independencia

Debido a que el estatuto sinodal, que en realidad estaba destinado
al público, solamente estaba disponible en idioma alemán, y el
Sínodo debía responsabilizarse y defenderse constantemente acerca
de sus objetivos ante las autoridades argentinas, fue convocada en
1943 una Asamblea Sinodal en Buenos Aires bajo condiciones
problemáticas. Pretendía hacerse solamente una traducción del
estatuto sinodal vigente, pero resultó en realidad un estatuto
totalmente nuevo en el que se manifestaba como inexistente todo
aquello que pudiera recordar cualquier vinculación orgánica, con
la Iglesia Evangélica Alemana, como en verdad existía. Este
estatuto quedó adaptado completamente a la "reglamentación de las
actividades de organizaciones extranjeras" del estado argentino
sancionado en el año 1939. El Sínodo, por consiguiente, se
percibía a sí mismo en 1943, bajo la presión de la situación
política, como una organización local que estaba vinculada con la
Iglesia Evangélica Alemana únicamente en lo espiritual y
religioso, e independiente en la conducción y administración de
sus asuntos. El Sínodo ya no se consideraba una filial de la
iglesia madre y deseaba mantenerse equidistante de todas las
tendencias políticas e ideológicas. En la práctica, el Sínodo se
independizó con este estatuto sinodal en castellano. Se entendía a
sí mismo como una iglesia evangélica de habla alemana. Bajo a
presión de cierta enemistad antigermana, abandonó la postura de
servicio en el cuidado del patriotismo alemán. Con ello fue dado
ciertamente un paso grande en el camino hacia el ser iglesia, De
hecho, hacia el fin de la guerra, se hizo más difícil la
vinculación con la iglesia madre.
Con el final de la guerra en, 1945, comenzaron para el Sínodo y
sus congregaciones y para muchos miembros de las congregaciones,
los tiempos más difíciles. Por el derrumbe, primeramente se
interrumpió en forma total la vinculación con Alemania. Pero
pronto pudo retomarse la vinculación con la iglesia madre. De
todos modos era impensable recibir alguna ayuda. El Sínodo
totalmente liberado a su propio destino. Fue tratado como una
organización enemiga y puesto bajo la supervisión estatal, ya que
el estado argentino, seis semanas antes de terminar el conflicto
mundial, declaró la guerra a Alemania y comenzó la expropiación de
todos los bienes alemanes. A los alemanes residentes aquí y que
trabajaban aquí, les fue restringido: fuertemente su libertad de
tránsito. Las escuelas alemanas, que muchas veces estaban
vinculadas con, las congregaciones, fueron cerradas v expropiadas.
A muchas congregaciones se les retiró la personería jurídica. Fue
una época difícil que el Sínodo y sus congregaciones debían
superar sin ayuda financiera y con deficiente ocupación de los
cargos pastorales. Muchas tareas no -pudieron ser cumplimentadas,
y para peor, se produjo una deserción de miembros por el
proselitismo de otras iglesias y grupos religiosos. Tampoco pudo
realizarse el seguimiento necesario a los nuevos grupos de
inmigrantes, tanto a los que eludían la desnazificación en
Alemania como aquellos que no veían ningún futuro para la Alemania
destruida. La intervención estatal al Sínodo fue levantada el 2 de
abril de 1947 poco a poco recuperaron su personería jurídica las
congregaciones. A pesar de todo esto es admirable que las
congregaciones hubieran podido llevar a cabo en forma
relativamente ordenada su servicio; sí, hasta se hizo un
llamamiento para una obra de ayuda sinodal para la Alemania
sufriente de necesidad.
No demoró mucho hasta que, después de la conflagración, se
constituyera la "Iglesia Evangélica en Alemania" que se comprendía
y se declaró jurídicamente sucesora de la "Iglesia Evangélica
Alemana", y para que, por intermedio de la Oficina de Relaciones
Exteriores, tomara en cuenta la responsabilidad por las
congregaciones evangélicas de origen alemán o de habla alemana en
el exterior. Pero por mucho tiempo no se pensó en una ayuda
financiera, ni en poner a disposición pastores para el servicio en
el Plata.
En su primera visita en el año 1950, el entonces director de la
Oficina de Relaciones Exteriores, presidente Martín Niemöller,
expresó cómo entendía su oficina el deber hacia nuestro Sinodo:
1- Proporcionar ayuda para llegar a ser iglesia. 2 - Proporcionar
ayuda para llegar a ser iglesia en el Plata.
3- Proporcionar ayuda para llegar a ser iglesia dentro del
contexto ecuménico en el Plata.
Esta concepción no dejó ningún margen para el surgimiento de una
iglesia que estuviera indisolublemente vinculada con el cuidado
del germanismo y con la defensa del idioma alemán. Esta concepción
se cristalizó en la legislación para el exterior de la Iglesia
Evangélica en Alemania (EKiD) sancionada el 18-3-1954 y aplicada
hasta el día de hoy.
Nuestro Sínodo, después de las vivencias y experiencias de
aquellos años precedentes, estaba: dispuesto a transitar el camino
hacia el ser iglesia según esa concepción, y orientar todos sus
esfuerzos hacia ello.
En la reformulación del otra vez nuevo estatuto sinodal en 1953,
después de un proceso que durara una década para lograr claridad
acerca del estado confesional, se enfatizó en la necesidad de
darle a la base doctrinal de nuestro Sínodo un fundamento más
amplio y preciso. Allí se expresa:
"La base doctrinal es el Evangelio de Jesucristo tal como figura
en el Antiguo y el Nuevo Testamento de la Sagrada Escritura. Por
el reconocimiento de esta base doctrinal el Sínodo Evangélico
Alemán del Río de la Plata confiesa su fe en el Señor de la
Iglesia, una, santa y apostólica. Este Sínodo confiesa su fe en
coincidencia con los credos de la Iglesia Primitiva y la Iglesia
de la Reforma, especialmente con el Catecismo Menor de Lutero y la
Confesión de Augsburgo. Tiene su carácter especial en la comunión
de la vida cristiana con las congregaciones reformadas afiliadas,
en las que tiene validez el Catecismo de Heidelberg. El Sínodo se
sabe vinculado en la fe con la Iglesia Evangélica en Alemania y
con todas las iglesias que reconocen al Señor Jesucristo como Dios
y Salvador".
En nuestro llegar a ser iglesia, esta base doctrinal que nos
caracteriza como "de unión", juega un rol muy importante.
En la misma Asamblea Sinodal que aprobó los estatutos en 1953, por
primera vez en nuestra historia se preguntó "si se puede, y cómo
se puede, estimular a hombres jóvenes nacidos en el país, para el
ministerio pastoral y formarlos en escuelas teológicas en
Sudamérica".
Con esto queda planteado en el Sínodo un problema de
imprescindible solución: la formación de pastores. Con el tiempo,
no es normal que una iglesia en proceso de su constitución,
dependa de pastores que no provienen de sus propias
congregaciones. Como posibles facultades debía considerarse a la
de Buenos Aires y a la de San Leopoldo en el Brasil. De todos
modos todavía tardó hasta 1958 en que el primer estudiante pudo
finalizar sus estudios en la nueva Facultad Luterana en José C.
Paz. Desde el primero de abril de 1957 fue llamado a esa facultad,
como profesor, el pastor Rodolfo Obermüller donde prestó sus
servicios por años, paralelamente a los que prestaba en la
Facultad Evangélica.

Independencia formal

De significado decisivo en el proceso de llegar a ser iglesia fue
la Asamblea Sinodal de 1956 en Esperanza - Santa Fe. Se tomaron
resoluciones que determinaron el camino futuro de nuestro Sínodo:
l) Por un acuerdo con la Iglesia Evangélica en Alemania se
determinó la independencia de nuestro Sínodo y se reglamentó la
relación mutua. En él permaneció la promesa de ayuda por parte de
la antes iglesia madre y ahora iglesia hermana, que continuaría
acompañándonos en el camino hacia el ser iglesia y brindaría su
ayuda en aquellos aspectos que resultaran necesarios.
2) Se decidió la moción de afiliarse al Consejo Mundial de
Iglesias, y asimismo a la Federación Argentina de Iglesias
Evangélicas.
Para esta última moción, el representante de dicha federación
pastor Sosa, expresó su alegría de la siguiente manera:
"Los inmigrantes constituyen una iglesia propia, pero los nietos
pierden el idioma y la religión. Cuando la iglesia de los
inmigrantes no realiza su propio trabajo en idioma español, pierde
sus miembros, solamente un pequeño porcentaje de ellos es
absorbido por las iglesias que trabajan en el idioma nacional. Me
alegro que en esta Asamblea Sinodal fue captado el problema
idiomático".
3) El problema idiomático es enfocado en forma oficial y debe ser
tratado en la próxima Asamblea Sinodal.
Por primera vez hubo en el culto de la Asamblea Sinodal, además
del sermón en alemán, otro en castellano.
4) La afiliación a la Federación Luterana Mundial fue rechazada,
pero se recomendó el trabajo en común con el consejo nacional
argentino de la Federación Luterana Mundial y en la Facultad
Luterana de Teología.
5) La reglamentación referida a los sueldos pastorales para todas
las congregaciones a ser elaborada por la Junta Directiva, es
declarada como unificatoria.
Como complemento de estas resoluciones está también la próxima
Asamblea Sinodal del año 1959 en Crespo bajo el lema "queremos
llegar a ser iglesia. Aquí fue reconocido oficialmente la
necesidad del bilingüismo en el trabajo en general en nuestra
iglesia, pero también se señaló la problemática. El pastor Hoppe
dijo en esa ocasión:
"Nos veremos obligados y presionados a quebrar los muros de
nuestra segregación eclesiástico-alemana, que existiera durante
casi cien años, para llevar el Evangelio a aquellos que solamente
lo comprenden en el idioma nacional, y a buscar contactos honestos
con ellos".
Asimismo fue aceptada la ineludible necesidad de una nueva versión
del "régimen para la vida eclesiástica", que también se despidió
de la relación entre iglesia y nacionalidad alemana. Naturalmente
que esto no significa que ese peligro latente no continuara
subsistiendo después.
Comenzó pues un tiempo que podríamos denominar como un tiempo de
fortalecimiento interior y exterior, que aún hoy persiste.
Surgieron y están surgiendo nuevas congregaciones. Se admite la
necesidad de obras diaconales. Pastores de Alemania pudieron ser
enviados nuevamente al Sínodo, mientras se desarrollaba la
formación de pastores locales, primeramente en la Facultad
Luterana de Teología y luego en la Facultad Evangélica. Ambas más
tarde se fusionaron. Las ayudas financieras de la iglesia madre y
de la obra Gustavo Adolfo posibilitaron la construcción de centros
parroquiales, iglesias y casas pastorales. La predisposición para
las contribuciones aumentó, a pesar de que siempre se le ha fijado
drásticos limites en virtud de la constante necesidad económica en
nuestros países.

Decisión de ser Iglesia

Cuando en I956 se cambió el nombre de "Sínodo Evangélico Alemán
del Río de la Plata" por el de "Iglesia Evangélica del Río de la
Plata", llegó en cierta medida a su meta el camino comenzado en
1843, o quizás en 1899; seguramente distinto de lo que se pensaba
en aquella época, pero sí de tal manera como nos fuera señalado
por nuestra fe. Nos constituimos en una iglesia evangélica en el
ambiente, ya sea elegida por nosotros para vivir, o que nos había
sido destinado: el ambiente del Río de la Plata. Este objetivo
logrado, que se expresa en el cambio del nombre. no significa de
modo alguno que el proceso de llegar a ser iglesia ha llegado a su
fin absoluto; sino, significa que también de aquí en más nos
sabemos en ese camino.

En verdad, los. años siguientes fueron marcados
por los esfuerzos en "detectar qué significa ser iglesia de
Jesucristo y en ocuparnos en determinar y describir aquello que
debemos ser".

Ahora pasaron nuevamente casi veinte años. Ya hace tiempo que la
calificación algo peyorativa de nuestra iglesia como iglesia de
inmigrantes aislada y ligada al ser alemán pertenece al pasado.

Ahora nos vemos como una iglesia local, enraizada aquí, que se
siente llamada al servicio juntamente con otras iglesias.
Juntamente con otras siete iglesias (entre ellas la Luterana,
Reformada, Valdense, Metodista, Anglicana v Discípulos de Cristo),
sustenta la responsabilidad por el Instituto Superior Evangélico
de Estudios Teológicos en Buenos Aires, en la que se forman para
el servicio pastoral, en este año, 25 hombres y mujeres jóvenes de
nuestra iglesia. En esta facultad también desempeña sus funciones
un docente enviado de Alemania, como asimismo, un pastor nacional
que obtuvo su doctorado en Alemania y enseña a tiempo parcial al
margen del desempeño en su cargo pastoral.

Una comisión de estas iglesias sostenedoras está encargada para
estudiar si es posible lograr un reconocimiento mutuo de una
formación de los vicarios y su ordenación al pastorado. La
formación en común de pastores de estás diferentes iglesias en una
sola facultad con internado, constituye una gran esperanza no
solamente para contactos ecuménicos, sino también para una unidad
organizativa de estas iglesias que trabajan juntas en la facultad.
Sus presidentes se reúnen con regularidad para detectar, encarar y
decidir deberes comunes. En las últimas conversaciones ecuménicas
con la Iglesia Evangélica Luterana Unida y con la Iglesia
Evangélica Valdense se perfiló como muy útil la Concordia de
Leuenberg, que ya había sido aceptada hace años por esta última y
también fue aceptada por nuestra iglesia en el año 1980.

El año pasado comenzó una conversación teológica con la Iglesia
Evangélica Luterana Unida y la iglesia Católica Romana acerca del
significado del evangelio en nuestras iglesias, pero también
acerca de la posibilidad de lograr un acuerdo en la pregunta por
los matrimonios mixtos con miras a una eventual bendición nupcial
ecuménica. Otra comisión intenta, juntamente con la Iglesia
Católica, la preparación de la semana de la opción por la Unidad
de las Iglesias. Recientemente se agregó el estudio del documento
de Lima. Parece que la Conferencia Episcopal Argentina también se
abre lentamente a las preguntas ecuménicas.

Hace algunos meses comenzamos conversaciones con la Iglesia
Evangélica Congregacional que tiene como objetivo mejorar las
relaciones mutuas un tanto desgastadas y lograr algún
acercamiento.

Mientras que en el año 1955, prestaban sus servicios en nuestra
iglesia 16 pastores, que hablan sido enviados desde Alemania, hoy
son 60, de los cuales unos dos tercios proceden de las propias
congregaciones y cursaron aquí sus estudios de teología. Nuestras
primeras vicarias, y matrimonios en que ambos cónyuges son
teólogos, intentan ser aceptados en las congregaciones. Desde 1980
tenemos un pastor nacional como presidente de la iglesia y además,
desde 1983, también el vicepresidente, lo que se manifiesta como
una gran ayuda para la iglesia en este continente. Nuestra iglesia
es representada por un pastor nacional en el Consejo
Latinoamericano de Iglesias y por otro nacional en el Comité
Central del Consejo Mundial de Iglesias. El presidente de nuestra
iglesia fue elegido este año como presidente de la Federación
Argentina de Iglesias Evangélicas.

Sin grandes dificultades se modificó la composición del cuerpo
pastoral, en el que ahora los pastores locales tienen una mayor
influencia. El trabajo en común entre los enviados y los pastores
nacionales puede ser calificado como muy bueno. Es un hecho
inmodificable, que las tareas de nuestra iglesia hoy ya no son
vistas tanto desde una perspectiva nórdicoeuropea, sino con los
ojos de aquellos que viven aquí en el continente sudamericano;
mejor dicho, pasan hambre, sufren, son sometidos y explotados, y
que necesitan la ayuda de Jesucristo en sus carencias. A esto se
agrega que nosotros mismos, como una iglesia así llamada de clase
media, debemos tomar conciencia, que por el desarrollo del
conflicto Norte-Sur, y en relación a las dictaduras militares, se
produjo un gran empobrecimiento también de una gran cantidad de
miembros de nuestras congregaciones, de modo que ya no podemos
observar desde afuera todos los problemas y dificultades de este
continente. No me animo a responder, si en estos últimos años, en
nuestro proceso de salir del ghetto del germanismo, del idioma y
la cultura alemana, siempre actuamos en el espíritu de nuestro
Señor, ya sea como iglesia, como congregaciones, o simplemente
como cristianos evangélicos, especialmente cuando se trataba de
oponernos a las horribles transgresiones de los derechos humanos o
del entusiasmo por justificar la guerra. De todos modos puedo
decir que representantes de nuestra iglesia, aún bajo riesgo de
sus propias vidas y no comprendidos por otros miembros de nuestras
congregaciones o sus, respectivos consejos directivos, trabajaron
activamente, y todavía trabajan, en las diversas organizaciones
ecuménicas de ayuda: a) para los refugiados chilenos por la
dictadura militar de ese país; b) para los desaparecidos y
familiares de desaparecidos en Argentina a causa del gobierno'
militar; c) para los perseguidos políticos en el Paraguay.

Del mismo modo, nuestra iglesia trabaja responsablemente
participando en la junta ecuménica que en la provincia del Chaco,
en Argentina, acompaña a los nativos tobas que, marginados, luchan
por su pervivencia, y procura con ellos plasmar alguna posibilidad
de existencia. Nuestra iglesia destinó algunas personas para ello.

En la provincia de Entre Ríos, Argentina, se agruparon nuestras
congregaciones para ayudar por un tiempo prolongado a aquellos que
por grandes inundaciones perdieron todos sus bienes. En un barrio
del Gran Buenos Aires la congregación evangélica ayuda
decisivamente a una parroquia católica para que puedan mantener un
comedor para aquellos que en la zona, literalmente, ya no tienen
nada para comer. En otro barrio, un grupo de damas se ocupa de
niños de padres desaparecidos. Estos niños, además de las
necesidades externas, tienen que superar dificultades psíquicas y
otros problemas, En la ciudad de Buenos Aires trabaja un centro
social evangélico. Paralelamente a esto, existen bajo la
responsabilidad global de la iglesia o en las manos de
congregaciones locales, algunos hogares para niños y escolares,
una escuela para el hogar, una escuela para el servicio
geriátrico, dos colonias y un hogar para ancianos, y un muy
importante sanatorio. Con tales obligaciones es muy natural que
debió tomarse en cuenta la formación de colaboradores diaconales.
Todas estas obligaciones encaradas, nos exigen total y
absolutamente, nos llevan a los limites de nuestras fuerzas, y ni
siquiera serían pensables si no tuviéramos la fuente de la que
reiteradamente tomamos ánimo, fuerza y alegría: la palabra de Dios
que está en el centro de todos nuestros actos y dichos. Sin duda
hemos recibido muchas ayudas procedentes del ámbito de nuestra
iglesia materna, de la obra Gustavo Adolfo, de la Central
Evangélica de Ayuda para el Desarrollo, y otras, por lo que
estamos enormemente agradecidos.
Vale para la palabra de Dios, garantizar una amplia base de
desarrollo, y para ello sirve también el esfuerzo en difundir la
palabra de Dios en idioma castellano, por ejemplo, mediante la
Revista Parroquial, y también con la edición de las Lecturas
Diarias que surgen de un trabajo ecuménico mancomunado. Además de
esto está el esfuerzo de la junta Directiva de la iglesia para
lograr que todos nuestros pastores nativos aprendan el idioma
alemán, para que aquellos miembros de nuestras congregaciones que
todavía no se sienten seguros en el idioma nacional -lo que vale
especialmente para la generación de los mayores- puedan escuchar
el Evangelio en su lengua materna. Recíprocamente se da por
sobreentendido que todos los pastores enviados desde Alemania
deben aprender el idioma castellano.
Al mismo tiempo nos resta mencionar aquí que internamente en las
diferentes iglesias latinoamericanas, incluso en la Iglesia
Católica Romana, se difunda constantemente un nuevo tesoro de
canciones religiosas en castellano apoyado también desde la
Escuela de Música de la Facultad Evangélica de Teología en Buenos
Aires, mediante la edición de los 'Cancioneros'. Este tesoro de
canciones se aleja de las traducciones de las canciones pietistas
inglesas y los corales alemanes. En estas canciones, con los
elementos de los estilos musicales nativos en relación a las
actuales preguntas, problemas, necesidades y dificultades, se
canta alabando y dando gracias a Dios y pidiendo ayuda. También en
medio de nuestras congregaciones, este tesoro de canciones se ha
ganado el corazón de muchos, naturalmente en forma especial entre
la juventud, que casi no se ha acercado hasta ahora a nuestros
cánticos tradicionales.
La palabra de Dios es también la que produjo hace ya años una
saludable inquietud en las iglesias sudamericanas, tanto católicas
como evangélicas, especialmente entre los teólogos y miembros
fieles de las congregaciones formados aquí. Esta inquietud puede
ser resumida en las palabras de Jesús:
"Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con
toda tu mente. Este es el más importante y el primero de los
mandamientos. Y el segundo el parecido a éste: dice, 'ama a tu
prójimo como a ti mismo" (Mat. 22:37-39).
La generación joven de teólogos y muchos cristianos jóvenes son
movilizados por la pregunta ¿cómo fue posible que durante 2000
años la iglesia cristiana y la cristiandad toda se dejó
influenciar y guiar en su fe sólo por la primera parte de este
doble mandamiento, y solamente tomó nota y practicó en forma
esporádica la segunda parte? ¿Vale únicamente para Latinoamérica,
lo que está a la vista, que nosotros como cristianos, como
congregaciones y como iglesia dejamos por cuenta de nuestros
semejantes la necesidad, la pobreza, la enfermedad, la tortura y
la muerte y con todo ello, pretendimos seguir creyendo que somos
cristianos fieles a pesar de que separamos el amor al prójimo del
amor a Dios? Nos acercamos un buen trecho a la teología de la
liberación, si nos esforzamos seriamente para responder la
pregunta: ¿Cómo debe estructurarse la vida cristiana en este
mundo? ¿Qué aspecto debe tener una congregación cristiana o una
iglesia -incluso hasta en las reglamentaciones para la vida
eclesiástica que acepta y toma en serio el doble mandamiento del
amor en toda su profundidad como ayuda para la vida humana de
nuestro tiempo?
El presidente de nuestra iglesia, pastor Reinich, ve con carácter
urgente que en el futuro tendremos que esforzarnos por un trabajo
pastoral integral que, no se agote en el culto de adoración y los
restantes servicios tradicionales, sino que incluya el acompañar y
ayudar en las dificultades de la vida diaria a los miembros de las
congregaciones y no solamente a ellos.
Con esto él toma aquello que hoy ha visto, en las facultades
evangélicas de teología y en los seminarios católicos de
Sudamérica, como objetivo para las iglesias del futuro en nuestro
continente. Apunta en esa dirección el trabajo iniciado hace
algunos años en relación con la Iglesia Católica Romana en el
"Programa de Ayuda Cristiana" frente a la inmigración al Paraguay
de los campesinos empobrecidos del Brasil.
En el camino que nos señalara nuestro Señor como su pueblo y su
Iglesia, queda detrás nuestro un largo trayecto con equivocaciones
y confusiones, pero también con promesas cumplidas. De todos modos
vemos que con nosotros y por nuestro intermedio el camino no llegó
a su objetivo, sino que todavía continúa. Tenemos el firme
convencimiento de que el Señor que nos acompañó hasta aquí y que
hizo nuevas muchas cosas incluso entre nosotros, también estará
con nosotros en el camino del futuro que aparece muy oscuro
delante nuestro, pero que siempre será su futuro, y por ello
también, nuestro futuro de salvación.

Carlos Schwittay