¿De dónde venimos?
Referat 108
Lugar/Ort:Olivos-Buenos Aires
Fecha/Datum:1983
Resumen/Skopus: Referat, gehalten auf der Synodaltagung in Olivos-Buenos Aires vom 14.-18.Oktober 1983. Synodalakten, Seiten 231-234


¿De dónde venimos?

Preguntando en estos días como Iglesia Evangélica del Río de la
Plata por las cosas "nuevas" a fin de poder prepararnos
positivamente para ellas, necesitamos también echar una mirada al
pasado, a las "cosas viejas", para renunciar a éstas.
Pero en este aspecto es muy importante no olvidar que desde el
principio nosotros hemos vivido en un proceso de la renovación, en
que aún vivimos y también en el futuro viviremos hasta la
renovación perfecta que no estará en nuestras manos.
No es un secreto en que manera se han forzado las congregaciones
en los países del Río de la Plata. Alemanes y suizos evangélicos
por su destino, por su profesión, por los problemas de su patria,
por pobreza y una vida sin esperanza y también en busca de
felícidad y riqueza, vinieron a nuestros países y se sintieron
puestos en un mundo, para ellos, extraño y hostil.
Este mundo puede ser caracterizado por fuerzas de la naturaleza
que amenazan la vida de los hombres, presentándose muchas veces en
catástrofes naturales que no fueron aceptadas fácilmente por los
inmigrantes.
En este mundo se realizaron, después de la liberación colonial,
las luchas por el poder y por las formas de este poder de la
república jóven, y las disputas con los indígenas que fueron
normalmente exterminados o echados de su tierra, sin futuro.
Este mundo estaba bajo la influencia de un catolicismo
superficial, asociado con los superiores, y para el pueblo liado
con el paganismo en la superstición. Este catolicismo reclamó para
si la única autoridad para todas las expresiones religiosas y
significó una amenaza seria para los inmigrantes evangélicos. Se
sintieron solos y perdidos en un mundo para ellos extraño, solos y
perdidos también en un país extendido y vacío, sin mucha vida
humana.
La inmigración se efectuó en etapas. La fundación de la primera
congregación evangélica alemana se realizó en Buenos Aires en el
año 1843 y Montevideo siguió en el año 1857.
Una importancia decisiva en el aspecto de la fundación de
congregaciones tenía la inmigración de los ruso-alemanes del año
1878. Todos los inmigrantes debían movilizar sus fuerzas para
preservar y garantizar su vida y la de los suyos. Pero pronto
fueron atacados por resignación y cansancio. Las dificultades de
la aclimatización y adapción a este mundo extraño y hostil eran
más grandes que originalmente pensadas.
Es fácil de comprender que los inmigrantes han buscado mutuamente
contactos personales para renovar y revivir lo que fue dejado en
el país natal: costumbres y leyes morales y formas y prácticas
religiosas y especialmente el idioma maternal.
Todo esto sirvió para superar las dificultades en un mundo
desconocido, pero a su vez por este actuar los inmigrantes se
cerraron en un aislamiento, formando ghettos de otras culturas que
las existentes, sin contactos intensivos con el medio ambiente.
En este contexto debemos entender la formación de congregaciones
evangélicas, las cuales eran lugares conservadores de costumbres y
tradiciones, del idioma y de la cultura alemana, embellecidos por
una religiosidad y piedad del protestantismo.
No hemos de olvidar que en el principio las congregaciones eran
unidas con una escuela alemana para poder educar a los hijos en
aquello que los padres había traído de Europa. Queremos expresar
también que lo que nuestros antepasados han defendido en el nuevo
país y han comprendido como una congregación evangélica, no era
una desviación del camino, aprendido en la patria vieja, sino
únicamente una reactivación de fe y congregación según el
entendimiento en Alemania en el siglo pasado. Conocemos las
formulas: evangelico y alemán; trono y altar.
Claramente hoy no podemos aceptar todo esto, pero tampoco
únicamente condenar, porque por estas cosas hemos guardado nuestra
identidad, porque en estas congregaciones obró EL que hace nuevas
todas las cosas.
Así hoy como Iglesia Evangélica del Río de la Plata podemos
testificar en nuestro ambiente nuestra fe y anunciar el evangelio
y prepararnos para un servicio en un mundo que en el pasado nos
pareció un mundo extraño y hostil.
Con las condiciones existentes durante las primeras fundaciones de
congregaciones evangélicas no se podía pensar en contactos
estrechos entre sí, como tampoco en la fundación de una iglesia
propia. Así, cuando, después de muchas dificultades, se formó en
el año 1899 el "Sínodo Evangélico Alemán del Río de la Plata" se
hablaba de una "sociedad administrativa".
Hemos dicho ya que también del principio de nuestra historia es
reconocible el proceso de la renovación, la obra del Señor que
hace nuevas todas las cosas. En estas congregaciones, así
caracterizadas, siempre hubo miembros y comisiones directivas que
se responsabilizaron de que su congregación guardará su fuente, su
culto, su Palabra de Dios y sus Sacramentos. Únicamente en esta
manera se dio la posibilidad de una renovación continua de fondo.
Estos responsables pusieron la señal de la esperanza sobre las
cosas viejas, una esperanza que debe ser el criterio único para
una congregación o una iglesia cristiana. Y este criterio es el
Evangelio. Ante este criterio debe justificarse cada palabra y
cada actuar de una congregación o de una iglesia.
Así podemos reconocer como señal de esperanza con la posibilidad
de una renovación, el hecho de que nuestras congregaciones
buscaban ya del principio el contacto con la iglesia-madre,
inicialmente con la Iglesia Prusiana de la Unión. Esta iglesia
comprendía nuestra situación y nos acompañó con cariño y amor,
enviándonos también pastores.
El primer pastor era August Ludwig Siegel, el cual vino en el año
1843 a Buenos Aires.
Yo menciono esta relación con la Iglesia Prusiana de Unión, porque
por ella hemos participado siempre de nuevo en el desarrollo del
entendimiento del Evangelio de una iglesia grande y fuimos
confrontados con este Evangelio en su forma actual. Así no podía
petrificarse el entendimiento de Evangelio a la forma de la
práctica de la piedad que se tenían en la época de nuestra
inmigración. La Iglesia de la Unión no se sintió comprometida a
una parte, sino a la Reforma total, testificando que el Evangelio
de Jesucristo según Martín Lutero es un don de Dios que basta para
la vida de un ser humano, que el mensaje alegre según Calvino
siempre anima a esta persona que recibió el don de Dios, a darla
gracias por su hacer salvadora y que la Palabra de Dios según
Zuinglio no solamente es una cosa para el alma pía, por un hacer
pío, sino un actuar concreto en medio de este mundo, es un
"POLÍTICUM".
La responsabilidad para con nosotros la ejerció más tarde y hasta
el día de hoy, la Iglesia Evangélica en Alemania por su OFICINA
PARA ASUNTOS EXTERIORES.
Las cosas nuevas por el Evangelio, siendo más fuerte que las cosas
viejas como costumbres y tradiciones o el ghetto de una cultura
alemana con su idioma, nos llevó en el año 1956 a la
independencia. Y esta autonomía fue afirmada por un convenio de
colaboración mutua con la Iglesia Evangélica en Alemania y por la
entrada en el "Consejo Mundial de Iglesias". En el año 1965 se
aceptó el cambio del nombre. No queríamos ser en el futuro el
"Sínodo Evangélico Alemán del Río de la Plata", sino la "Iglesia
Evangélica del Río de la Plata".
Este cambio del nombre no era o no quería ser un cambio formal,
sino un programa nuevo, nacido por un escuchar nuevo del
Evangelio, caracterizado por un salir del ghetto en que estábamos
por un idioma y una cultura que no era de esta CUENCA DEL PLATA, y
por un abrirse hacia nuestro medio ambiente y hacia este
continente con las muchas tareas necesarias.
Esto significó concretamente una aceleración de la formación de
pastores que vienen de nuestras congregaciones y que significó
ayuda para la Facultad Teológica en Buenos Aires. Esto significó
la proclamación oficial del bilingüismo de nuestra iglesia y el
contacto con las otras iglesias evangélicas y la colaboración en
los organismos ecuménicos, así como también fueron empezadas
algunas obras diaconales.
Yo quisiera mencionar ahora un diálogo que mantuve en Alemania
hace pocos días, con el ex presidente de la "Oficina para Asuntos
Exteriores" de la Iglesia Evangélica en Alemania, D. Adolf
Wischmann, el cual por un infarto de corazón está muy enfermo, él,
manifestándome en esa ocasión que deseaba saludar a todos los
participantes de nuestra ASAMBLEA SINODAL, expresando que se
alegraba y compartía todos nuestros caminos y decisiones. En este
diálogo dijo que en su tiempo en su oficina el y por el la Iglesia
Evangélica en Alemania fomentó la autonomía de nuestra iglesia,
dándonos ánimo y ayuda para estos pasos del principio.
Diciendo que El que hace nuevas todas las cosas, también en el
pasado obró en nuestra iglesia, no significa que en nuestras
congregaciones y en nuestra iglesia pasaron ya todas las cosas
nuevas. ¡Cuánto cansancio que impidió empezar con tareas muy
importantes! ¡Cuánta resistencia contra una obediencia adecuada a
favor del Evangelio! ¡Cuánto encerrarse en un ghetto de
tradiciones y de costumbres y de un cristianismo que no quiere
gastar nada, ni tiempo, ni dinero! ¡Cuánto miedo que la obediencia
al Evangelio tiene consecuencias que pueden llevar a la muerte!
Todo esto en el pasado puede intranquilizarnos, pero sabemos que
las cosas nuevas realizadas son más fuertes que la tristeza sobre
las cosas viejas aún existentes.
También en el pasado de nuestra iglesia obró nuestro Señor
Jesucristo, y lo hará también por nosotros, en su renovación. El
no dijo que nosotros haremos perfectamente las cosas nuevas, pero
el Evangelio espera que colaboremos y luchemos en el proceso de la
renovación a favor de las cosas nuevas.
Yo no puedo terminar mis explicaciones sobre el pasado de nuestra
Iglesia Evangélica del Río de la Plata con el lema ¿De dónde
venismos? sin mencionar lo que se realizó en muchas partes de la
cristiandad mundial hace ya decenios de años, preguntándose por el
fundamento de nuestra fe.
Esto nuevo que quiere salvar el mundo es la Palabra de hoy de
Jesús que dice que los suyos deben amar no solamente a Dios, sino
en una manera igual también a los prójimos.
Ambos mandamientos no pueden ser separados, son señales
características actuales del fundamento de la fe.
Muchas dificultades y disputas de los últimos tiempos en la
cristiandad, también en nuestras congregaciones, tienen su causa
en este mandamiento doble que es aceptado o rechazado.
Así nos llega del pasado esta pregunta con la certeza que el
proceso de la renovación de nuestra iglesia seguirá hoy a
Jesucristo y también mañana.
Carlos Schwittay

Referat, gehalten auf der Synodaltagung in Olivos vom 14. - 18.
Oktober 1983.